jueves, 27 de septiembre de 2012

RAREZAS ARGENTINAS: Frutilla


El título de esta sección presenta algunas complicaciones, ¿qué es una rareza? ¿cómo podría catalogarse a un film como raro? En el fondo estas cuestiones no dejan de ser subjetivas. La película de hoy me planteó esas dudas; es una pelícla relativamente conocida, no tiene una significación especial en la carrera de su dxirector y/o actores, y hasta en cierto punto puede ser representativa de un estilo con algo de popularidad... y aún así, al verla, para mi, no caben dudas de que es una rareza, algo inclasificable. Estoy hablando de Frutilla (1980), una de las cosas más extrañas que haya visto realizadas en Argentina.



Es imposible no hablar de esta película sin comenzar hablando de su director Enrique Carreras, una comprobación de que ser un todoterreno no siempre es una buena cualidad. Con una prolífica filmografía de más de 100 films, el hombre, nacido en Perú, pasó por todos los rubros, desde películas costumbristas, de género fantástico, comedias familiares, picarescas, musicales, infantiles, cuasi eróticas, policiales, folletines, de ambiente teatral, o sea de todo... y aún así al ver cualquiera de sus películas uno puede adivinar que son de su autoría. El problema es que nunca logró sacarse el acartonamiento de encima; el hecho de su producción fílmica casi en serie convertía a sus obras en algo rutinario, desangelado, y hasta ajenas a lo cinematográfico. Además no hay otra manera de explicarlo, algunas, la mayoría, de sus películas son horribles, le guste a quien le guste. Entre otras cosas el hombre tiene el mote de haber arruinado con la reputación fílmica del dúo Porcel y Olmedo; realizar las peores obras exploitation del país (sin ni una pizca de la gracia de, por ejemplo, Emilio Vieyra); y otro dato, quizás el peor, tenía un afán por incluir a todo su parentela en cada una de sus películas, sin importar el talento de cada uno.

La cuestión con Frutilla es que reúne todo los tópicos (y todo lo  malo) que tuvo su director; además de ser un híbrido entre varios cruces.
Originada en una obra teatral estrenada un año antes en el Teatro Odeon con parte del elenco que luego repitió en la película, la historia comienza con Marta Moreno o Mariceli (Mercedes “soy actriz gracias a mi dorima” Carreras), una catamarqueña que viene a Buenos Aires a triunfar en el mundo del espectáculo, específicamente en el teatro. Esto, que sería un buen puntapié para una película porno de medio pelo termina convirtiéndose en un muestrario de episodios sin demasiado hilo argumental o lógica. En lo que no se entiende (o por lo menos yo no entendí) si es una ensoñación, una fantasía en el tiempo, o una realidad que no comprendí, la chica (muy modosita por cierto) se va ir cruzando con varias personalidades reales del mundo del espectáculo lo que va ir dando lugar a que ella mire como atolondrada números artísticos supuestamente maravillosos.
De esta manera se va a cruzar con Lola Membrives (Nati Mistral), Pepe Podestá (Osvaldo Pacheco), César Ratti (Juan Carlos Calabró), Francisco Canaro (Guillermo Rico), Carmen Lamas (Ethel Rojo), y hasta Hipólito Irigoyen (Onofre Lovero), entre varias otras célebres personalidades.

Como aclaré antes, la duda que siempre me quedó al respecto es si realmente la acción se desarrolla en los años ’30 o ’40, o si todo es una fantasía en la que se mezclan las épocas... de cualquier modo la cruza pareciera estar mal hecha creando una sensación extraña.

La acción es puramente folletinesca, con diálogos esquemáticos e impostados, supuestamente graciosos pero ajenos a toda naturalidad. Esto es común en buena parte de la filmograía del director, aún en películas que no parecían acordes a este formato, Carreras siempre se las ingeniaba para insertar cuadros musicales o cómicos/teatrales ante la mirada perpleja del protagonista, dando por resultado un funcionamiento episódico con hilos conectores débiles.
Esto es aún más notorio en acá, la historia de Mariceli es simplemente una excusa para saltar de un cuadro al otro. Imagino que esto puede haber funcionado mejor en la obra teatral con texto de Abel Santa Cruz (que no participó de la película), como un muestrario de números teatrales; pero en la película se nota como algo impropio al cine, impostado.

Todo esto es lo que hace rara a Frutilla, la película contiene números de tango, cuadros revisteriles, zarzuelas, escenas de vodevil, personajes relatando chistes, puestas dramáticas... y Mariceli mirando siempre como embobada.
La sensación de ver algo extraño comienza desde el principio con la llegada de la muchachita de Catamarca a la gran ciudad y la canción principal de fondo que suena y resuena de un modo ciertamente irritante, son cinco (o más) minutos de una canción chirriante que solo repite “Frutilla, frutilla, frutiiiiilla...”, para luego ya comenzar con los episodios uno tras otro.

Talvez este género folletinesco era más común en los comienzos de nuestro cine sonoro, repletos de cantores de tango interpretando su repertorio con un argumento mínimo; por lo que Frutilla podría estar atrasando unos 40 años. Esto de por sí no sería malo sino fuese porque posiblemente esta película hubiese sido considerada mala aún en esa época.
La película está mal filmada, mal sonorizada, y el uso del color está fuera de lo natural. Los cantores de tango aparecen pálidos y con los ojos rojos, más similar a Bela Lugosi que a un artista de los años ’30; y muchas de las artistas terminan en escenas picarescas/revisteriles más propias de los ’80 que del comienzo del género.

Frutilla es una película que invita la risa, a la ridiculez... y varias veces a la irritación. Es una buena manera de poder observar cómo era el estilo de su director sin necesidad de tener que ver 103 films. Mal actuada, mal realizada, incoherente, totalmente avenjetada, con todo esto, no deja de ser un fiel ejemplo de un estilo.






No hay comentarios:

Publicar un comentario