Los ‘80 fue
la década de las comedias para Tom Hanks, el hombre que comenzó vistiéndose de
mujer en una serie de TV, ganó popularidad durante esa época con algunas de las
comedias más populares de la década, entre ellas Despedida de solteros (Bachelor
Party, 1984), Hogar dulce hogar (Money Pit, 1986), Socios
y sabuesos (Turner & Hutch, 1989) y Quisiera ser grande (Big,
1988). Pero antes que esas, hubo una película que lo dio a conocer en el
mundo de la comedia cinematográfica, justo en el mismo año de estallaar con Despedida...,
estoy hablando de Splash (1984), una comedia romántica dirigida
por Ron Howard en la que Tom interpretaba a un hombre que era rescatado del mar
por una sirena interpretada por Daryl Hannah (cuando todavía parecía una mujer)
y entre los dos nacía el amor. La película, una de las primeras producidas por
Touchstone Pictures, fue un sorpresivo éxito; y si bien no es una genialidad
por lo menos es bastante entretenida.
La cosa es
que cuatro años después, a la gente de Buena Vista/Walt Disney Pictures se le
ocurrió estrenar una secuela directo para televisión y VHS, por supuesto que
pasó desapercibida para casi todo el mundo. Sin la misma producción, sin el
mismo director, y sin los mismos actores protagonistas, Splash 2 (Splash,
Too, 1988) es una de las secuelas con menos sentido, y menos
recordada, que conozco.
Al igual
que la producción de la película, en los hechos también pasaron cuatro años
desde que (OJO A QUIENES NO VIERON LA ORIGINAL PORQUE
VIENE SPOILER) Allen y Madison (los otrora personajes de Hanks y Hannah
ahora en manos de Todd Waring y Amy Yasbeck)
fundieron su amor huyendo hacia el mar y comenzando una vida
subacuática; en realidad, ahora nos enteramos que estuvieron viviendo en un
islote pequeño y desértico (en verdad parece un montículo de arena en medio de
una bañera, pero bueh). Allen comienza a aburrirse de vivir sobre la arena y
una palmera de goma y extraña a su familia y a su hermano Freddie, Madison se
apiada y le muestra una visión en el agua
de cómo andan las cosas en tierra firme, y al ver que las cosas estan
para el culo, deciden regresar. Parate acá, al final de la 1, cuando ambos se
van a vivir bajo el agua se deja bien
clarito que no iban a poder volver al continente, ya soportamos que nos
mintieran y en verdad vivan en una isla, ahora vuelven al continente, o sea nos
toman por estúpidos... sigamos.
Una vez en
Nueva York las cosas vuelven a arrancar otra vez, mientras Allen se ocupa de la
empresa familiar, Madison prueba ser ama de casa en el nuevo nidito de amor; se
hace de nuevos amigos y vecinos... y cuando se aburre trata de salvar a un
delfín en cautiverio. En realidad creo que ese es el gancho que busca la
película, que nos riamos de una sirena intentando vivir en los suburbios, o
algo así; no lo lograron.
Ya lo
aclaré antes, Splash 2 es una secuela sencillamente innecesaria, pero
además subestima al espectador. Algo similar sucede con las películas de
terror, si un punto anunciaste el final, o decapitaste al asesino, no podés
regresarlo otra vez, se acabó, ya está. Acá es lo mismo, la original cerraba
como para que los personajes consumaran su amor y nunca volvieran, no hay
ninguna necesidad de regresar otra vez a esa historia, porque nos cuentan más
de lo mismo y encima con una calidad paupérrima.
A Yasbeck
la tenemos de alguna serie de televisión y es la pelirroja de House II
(1987), acá, para que se parezca a Daryl Hannah le pusieron una peluca rubia
que más bien parece un lampazo sucio. A Waring parece que nadie lo conoce salvo
por perpretarse en su imitación de Tom Hanks; no solo repitió su personaje en
esta, sino que hizo el rol de Tom en una serie de TV basada en Nada en común
(Nothing in Common, 1986) que este protagonizó junto a Jackie Gleason.
Talvez la productora Asylum vuelva a convocar a Waring para hacer una versión
alternativa de Robert Langdom, ya se sabe como son esos muchachos...
La cosa es
que los dos nuevos protagonistas están muy por debajo de los originales,
simplemente actúan mal, no hay otra razón.
Otra cosa
que no ayuda en absoluto es el tono de “comedia boba” episódica. Esta bien, la
original tenía más de comedia que de romántica, pero en esta llevron el
elemento cómico muy lejos, y por momentos parece que asistimos a una parodia de
SNL sobre Splash. Desde el minuto uno la historia se plaga de chistes
tontos y directamente sin gracia, sepultando al poco romanticismo que quedaba.
El Director
Greg Antonacci tiene pocos elementos con los que defenderse y los maneja mal,
más que una película parece que estuviéramos viendo el capítulo largo de alguna
sitcom cancelada; es lógico, esta es su única película, luego se dedicó a
dirigir y producir series de TV y musicales para Broadway.
En fin, es poco y nada lo que hay que destacar de Splash
2, ni siquiera sirve para risas involuntarias porque nunca entretiene por
más ridícula e incoherente que sea. Claro está, es otra secuela infame, casi
desconocida (por suerte) e infame.
Para la
opera prima del día de hoy me decidí por un director que talvez no sea muy
conocido pero que con una producción corta a lo largo de ya casi 20 años a
demostrado ser muy dúctil en el arte de crear misterios y climas tensos, Ole
Bornedal, el danés detrás de una de las películas que se estrena hoy en nuestro
país Posesión Satánica (The Possesion, 2012); sin dudas uno de
mis directores predilectos por lo menos en cuanto a suspenso y terror se
refiere.
Para los
que lo conocen (y para los que no también) tengo que aclarar que Nattevagten
(1994, Conocida en algunos países como Vigilante nocturno) no es en sí
la primer película de Bornedal, ni siquiera su primer largo, anteriormente
había dirigido (además de un par de cortos, como es habitual) dos films para la
televisión danesa I en del af verden (1993, que sería algo así
como “En algún lugar del mundo”) y Masturbator (1993, que con ese
nombre no necesita traducción) de los que se conoce muy poco y que obviamente
nunca vi. Pero la película de la que hablo hoy podríamos decir que es su primer
trabajo en grande, su primer película estrenada en sala, y su éxito fue tan
grande que trascendió las barreras de su país de origen para hacer un recorrido
por todo el mundo (lástima que en Argentina ni siquiera llegó a estrenarse en
VHS)
Nattevagten nos cuenta la historia de Martín
(Nikolaj Coster-Waldau) un joven que ingresa a trabajar como guardia nocturno
de la morgue del instituto forense para financiar sus estudios en derecho: Pese
a los temores iniciales todo parece marchar bien hasta que la primera noche
llegan los cadáveres de unas prostitutas asesinadas en Copenhague y encima por
una apuesta él debe ir a vigilar el lugar en el que se depositan los cadáveres.
En el
transcurso de la noche van a suceder cosas extrañísimas y como si fuese poco la
policía empezará a sospechar de él como posible asesino de las prostitutas, y
aunque una agente (Ulf Pilgaard) quiera ayudarlo, las cosas cada vez se
enrareceran más y más.
El
argumento parece sencillo y de hecho lo es, pero Ole Bornedal logra
entrometernos de lleno en la historia de Martín y realmente nos intrigamos
tanto como él, haciéndonos parecer que lo que sucede alrededor es mucho más
grande de lo que realmente sucede.
No esperen
acá asesinos enmascarados, chorreadas de sangre, y gente traspasadas de lado a
lado como en una brochette; en Nattevagten prima la sugestión, la
insinuación, lo que podría suceder.
Todo esa
tensión es pura y exclusiva del trabajo del director que acá también oficia como
escritor. Bornedal demuestra que no se necesitan grandes historias (en el
sentido de grandes sucesos) para hacer un gran film, todo acá es mínimo, casi
detallista.
Desde la
construcción del guión en el que se revela lo justo y necesario, todo nos hace
creer que fue pensado como una pequeña maquinaria en la cada elemento, por más
mínimo que sea, tiene su valor.
La
construcción del clima sofocante es fundamental, todos los temores que
cualquiera puede sentir por trabajar en una morgue acá están manifestados;
haciendo de detalles como los juegos de luces en oscuridad una pieza realmente
tenebrosa. La sensación de que queremos que esto termine ahora y de una vez
está presente todo el tiempo, y eso es gracias a un gran trabajo de
elaboración.
Otro aporte
fundamental es el misterio, jugar con lo inesperado. Al exponerse en pantalla
sólo lo justo y necesario para que las cosas se entiendan, hay una enorme de
sensación de que cualquier cosa puede suceder, dejarse llevar para donde la
historia lo lleve, e ir investigando y descubriendo junto con el protagonista
que de a poco se va convirtiendo en un improvisado detective para salvar su
propio pellejo.
Todo
pareciera encajar perfecto, desde una fotografía oscura y ruinosa, encuadres
algo extraños, una banda sonora precisa y ominosa, y también una buena
dirección actoral que pareciera moverse en un ambiente encerrado, opresivo,
casi teatral.
El éxito de
Nattevagten fue tan grande en Dinamarca y toda Europa que inmediatamente
Hollywood puso los ojos sobre ella. Pero ya se sabe la poca resistencia que
tienen los norteamericanos en ver películas habladas en otro idioma. Por lo
tanto, como siempre, se pensó en una remake, a la cual Bornedal accedió con la
condición de dirigirla él mismo y tener toda libertad creativa sobre ella. Es
así como en 1997 (en Argentina dos años después) se estrenó La sombra de la
noche (Nightwatch) con Ewan McGregor en el papel de Martín. Esta
película, muy fiel al original, puede ubicarse sencillamente por arriba de la
media de las remakes que Hollywood hace de éxitos extranjeros; pero como pasa
cuando uno hace una fotocopia, en el duplicado algo sale más apagado; no es que
La sombra... sea mala, todo lo contrario crea casi los mismos climas y
temores que la original, pero para los que tuvimos la oportunidad de ver la
danesa primero es como ver otra vez la misma historia reinterpretada sin
ninguna necesidad, y en un ambiente norteamericano que le es totalmente ajeno.
Voy a
empezar diciendo que la película que elegí hoy para las “Rarezas Argentinas” no
es una rareza, por lo que vendría siendo una excepción en esta sección. Aún así
pertenece a un sub-género bien argentino y muy propio de la época (los ’70
hasta mediados los ’80), la comedia picaresca; por lo que sí podría parecer una
rareza dentro del cine tomado como generalidad.
Habiendo
hecho esta salvedad explico el por qué me decidí a hablar sobre El Rey de
los exhortos (1979), hoy 29 de agosto se conmemora el nacimiento de Juan
Bautista Alberdi, y se instituye como El día del abogado... para mí esta es la
mejor películas de abogados de la Argentina, jeje, por lo menos es la que más
veces vi, así que es una manera de autohomenajearme en mi día (para los que no
entiendan de qué hablo, lean el perfil del blog, ya lo dije y lo repito, soy
abogado).
El Dr.
Alberto Benavides (Alberto Olmedo) es un abogado de la rama Civil, viudo hace
un año, y actualmente inmerso únicamente en asuntos laborales ya que la culpa
por reiteradas infidelidades hace que ahora cada vez que quiera avanzar tenga
la aparición de su difunta esposa. Un colega de la rama Familia le pide que se
encargue de un caso que no puede manejar, el divorcio del Ingeniero Julio
Cartamil (Fernando Siro); Alberto acepta el caso pero no se interesa demasiado
y posterga leer el expediente.
Una noche
Benavides asiste a una cena de aniversario de casado de unos amigos, y ahí
conoce a Susana Lezama (Susana Giménez), una mujer de la que se enamora
inmediatamente y hasta parece poder romper con la “maldición” de las
apariciones... lo que no sabe Alberto es que Susana es la esposa en trámite de
divorcio con Cartamil.
Mientras
voy escribiendo el argumento (que tiene más aristas que las que describí) voy
pensando que El Rey de los exhortos sí es una rareza, aún dentro de su
género, y más aún dentro de la filmografía de Olmedo y Hugo Sofovich, su
director.
A
diferencia de las películas que Alberto filmada en dúo con Jorge Porcel en donde,
con diferentes variantes, siempre se giraba sobre los infortunios de ambos en
tratar de lograr una conquista sexual a como dé lugar; cada vez que filmaban
por separado, las temáticas de los dos parecían cambiar.
Porcel se
inclinaba más hacia un tono infantil, se ponía a sí mismo como monigote, torpe,
hiper inocente, e hizo de sí mismo un personaje aparte, el del Gordo Catrasca.
En cambio, Olmedo se inclinaba a tocar vetas sociales, temas que en ese momento
estaban candentes en la sociedad agregándole una cierta problemática, y por qué
no algún mensaje; ya sea la fantasía de la infidelidad por presión de sus
compañeros o amigos; la homosexualidad y el travestismo (tratado de manera un
poco más seria que de costumbre) y los prejuicios que la rodean; el divorcio
(que en ese momento estaba en plena discusión); la prostitución; y hasta el
negocio detrás de los cultos paralelos (otro tema muy en boga por ese
entonces).
Lo que hace
particular a El rey... es el entero toque de comedia romántica. Esta
bien, no es el estilo del romanceo estadounidense, acá las cosas pueden estar
un poco subidas de tono, pero en comparación con el resto esta es mucho más
blanca, agradable para un gusto delicado digamos... para que se entienda y no
andar con tantas vueltas, salvo las tetas de Carmen Barbieri y las de Elena
Sedova en escenas insignificantes no se ve nada, y el lenguaje es casi el de
una comedia blanca.
Olmedo se
mueve muy bien dentro del registro de enredos románticos y hasta llegamos a
creerle que puede ser un galán. La pareja con Susana Jiménez ya es probada que
tenía química, y en esta es donde más se demuestra (las escenas en las que
ambos intentan ocultar sus reencuentros son por lejos lo mejor de la película).
Igualmente,
el personaje de Susana no deja de tener ciertos elementos llamativos (y no me
refiero al espantoso amarillo huevo que usa en el pelo), además de mostrarla en
cada escena con un modelito distinto siempre de alta costura aún cuando está de
entre casa, sí suena abrupto el cambio que hace el personaje a la mitad del
metraje. En un principio la mujer no parece más que una arpía, vive hablando
pavadas (por ahí dejaron que Jiménez improvisara), riéndose de su ex a sus
espaldas, descuidando terriblemente a su hijo, mostrándose como inútil ama de
casa, o sea bastante despreciable; pero en un punto la cosa cambia sin razón
alguna y la vemos educando al pibe (¡!), cocinando, tratando de conciliar con
su ex pareja, hasta logrando una mejor única con su galán a quien hasta ese
entonces solo habia menospreciado; indudablemente su también guionista Hugo
Sofovich se avispó de la poca empatía y cambió al personaje sobre la marcha.
Hablando de
Sofovich, los rubros técnicos son por lo menos decentes. Hugo, tanto en TV como
en cine (sus películas del dúo son por lejos las mejores) manejó siempre muy
bien el timing del buen humor, las películas son una constante de escenas y
diálogos puestos al srvicio de la gracia de los dos protagonistas, y la cosa
cierra perfecta, como un engranaje bien aceitado. Pero particularmente esta
película cuenta de un ritmo muy sostenido, diálogos muy bien construidos, y
además rubros como a fotografía extrañamente acá funcionan (en estos films casi
siempre había problemas de encuadre, por ejemplo); no por nada el director
siempre dijo en entrevistas posteriores que El Rey... era la película de
la que se sentía más orgulloso.
A esta
altura decir que soy fanático de las películas de Olmedo y Porcel es una
obviedad (a excepción de todo lo que hizo Enrique Carreras, por supuesto). Yo
sé que son películas menospreciadas, muy criticadas; y hasta soy consciente que
no están a la altura de grandes obras cinematogrpáficas... pero tampoco
pretenden estarlo, son films pasatistas que solo buscan el entretenimiento de
una manera noble, y lo consiguen; todo lo demás puede ser materia de
discusión.
El asunto
es que, como escribí ni bien comencé esta reseña, hoy quería homenajearme, y
como este blog en definitiva se trata de mí y las películas que me gustan o me
disgustan hoy quise encontrar un buen ensamble entre mi profesión de abogado y
mi fanatismo por el cine... y El rey de los exhortos es una película que
me encanta, así que solo me queda por decir, bien por mi (¿?)
... Y COMO SIEMPRE PASA CON ESTAS COSA, ACÁ ESTA LA PELÍCULA COMPLETA:
Una de las
experiencias más agradables que puede darnos el cine es la de cruzarnos con un
film por el que no dábamos ni un centavo de expectativa y descubrir que
estábamos equivocados, terminar disfrutando de un momento por lo menos
entretenido, ameno. Eso es lo que me pasó con A Dúo (Duets, 2000),
la película con gran trascendencia musical del día de hoy.
Como me
gusta hacer siempre, voy a contar un poco de experiencia personal (a los que
les interesa pasen al párrafo que sigue). Esta película siempre la veía en el
videoclub pero, aunque me despertaba cierta curiosidad, nunca me decidí a
alquilarla por miedo a que sea un fiasco. Por suerte los amigos de Telecentro
siempre dan una mano extraña para esas cosas; ya conté anteriormente que tenían
un canal propio en el que pasaban un sinfín de cine bizarro; bueno, con el
comienzo del nuevo siglo y la competencia de DirectTV, los muchachos no
quisieron achicarse y pusieron durante un buen tiempo sus propios canales de
Pay Per View, Moviehouse... el asunto es que durante aproximadamente mes y
medio se olvidaron de codificarlo, y así pude ver películas como esta una y
otra vez en el mismo día durante un tiempo largo. Si, la anécdota es muy
pedorra, pero me gusta compartir esas cosas.
Sigamos, A
dúo se mete de lleno en el mundo de las competencias en bares de karaoke;
esos lugares en donde cantantes aficionados (o público en general, bah) se
suben a un improvisado escenario e interpretan versiones de grandes hits para
la alegría del público visitante. Yo fui un par de veces a esos lugares y tengo
que reconocer que son muy divertidos, es una muy buena forma de desinhibirse,
no importa si se desafina, si se canta horrible, si nos olvidamos la letra o la
cantamos fuera de tempo, todo es puro entretenimiento.
El asunto
es que en EE.UU. el karaoke es tomado muy en serio, y se organizan competencias
regionales y hasta nacionales, con cantantes que ya están a un paso de
abandonar el amateurismo por así decirlo, es un verdadero espectáculo; y de eso
nos habla la película.
A modo de una road movie coral, este film
dirigido por Bruce Paltrow plantea una competencia en Omaha con un premio en
efectivo no muy cuantioso pero sí necesario para muchos de los participantes.
Ricky
(¡¡¡Huey Lewis!!!) es
un experimentado en el tema de cantar en bares, ahora se dirige a la
competencia, pero en el camino se entera de la muerte de un viejo amigo y
decide ir a su funeral en Las Vegas, una vez allí se encontrará con su hija Liv
(Gwyneth “mi papá me dirige” Paltrow) y para estrechar lazos decidirán unir
camino en la competencia.
Por otro
lado un taxista (Scott Speedman) lleva en su vehículo a Suzi (Maria Bello) una
chica exuberante y extrovertida pero que sufre de pánico escénico por lo que va
a necesitar ayuda.
También
tenemos a Todd (Paul Giamatti), un viajante de comercio con una vida puramente
apagada, no tiene un punto de estadía, su familia no lo aprecia, y encima de
halla perdido por todo el país; está lejos de conformarse con lo que la vida
tiene para ofrecerle. De casualidad termina en un bar de karaoke y es ahí donde
descubre su verdadera vocación y sentido de vida; claro que también se cruzará
con Reggie (André Braugher) un preso que se fugó recientemente y se encuentra
huyendo. Obviamente lo dos terminaran ayudándose; esta es para mi la mejor
historia.
Estas tres
son las historia principales, pero hay varios concursantes y casi todos tienen
algo para contar; hasta hay una participación de Angie Dickinson.
Esta
película fue filmada por Bruce Paltrow poco tiempo antes de su muerte y fue
casi una excusa para poder trabajar aunque sea solo una vez con su hija, y en
un proyecto en el que se vieran comprometidos, ya que ambos eran aficionados en
el tema del canto.
En un
principio, Gwyneth iba a interpretar el rol de Suzy y Brad Pitt iba a ser
Billy, el taxista, pero previo al rodaje la pareja llegó a su fin y las cosas
terminaron como se ve en pantalla.
También
podría decirse que esta película sirvió para dar a conocer a la hija de Blythe
Danner como interprete musical (después participó en otros proyectos musicales
como un rol recurrente en la serie Glee), y para ser sinceros pese a que
su voz es por demás frágil, no vocaliza mal.
Huey Lewis
paraciera interpretarse a sí mismo, pero igualmente es grandioso verlo en
escena y por lejos (y obviamente) es quien mejor canta. Pero el que se lleva
todo los aplausos es Paul Giamatti, su papel de hombre apagado, perdido, que
encuentra su vocación en el canto aficionado es puramente natural; puede que no
cante hermosamente, pero se defiende, y además el karaoke se trata precisamente
de eso.
La película
tuvo mayoritariamente críticas negativas, y puede ser que no sea un gran film,
pero sí es uno muy ameno y hasta personal, introspectivo, cosa que es muy
difícil ver en Hollywood; y Paltrow padre lo logró con escasez de elementos. La
sensación al terminar el film, más allá de terminar tarareando las canciones,
es la de tener una sonrisa feliz, de agrado, no es una comedia de carcajadas
pero sí un film muy grato.
En cuanto a
la banda sonora, la canción más conocida y que sirvió como corte de difusión es
Cruisin, un dueto entre Lewis y Paltrow; pero además tenemos Feeling
Alright del propio Huey; Try a Little Tenderness interpretada por
Giamatti y Arnold McCuller, y una versión de Sweet Dreams (Are made of this)
cantada por Maria Bello (que está un poco mejor que en Coyote Ugly). En
total el soundtrack contiene 12 canciones, todos “clásicos” estadounidenses
reversionados especialmente, y la sensación al escucharlo es bastante similar
al que logra la película.
En fin, A dúo es una película chiquita,
menor, pero muy agradable de ver, lo que la hace ideal para esos momentos en
que uno está medio bajoneado; y su banda sonora es un factor fundamental para
lograr el clima adecuado. Bueno, acá van algunas canciones: Cruisin
Ya hace
casi un mes de la última reseña de Recuerdos del VHS publicada en esta página,
retrasos y problemas de “conexión” varios lograron que tardara bastante en
volver a postear las reseñas de los lunes. Esto viene a colación de que esa
última vez hablé de Clase 1999 (1990), una de las para mi obras
fundamentales para entender la movida Clase B surgida con el esplendor del
formato VHS (aunque haya sido estrenada en cines).
A raíz de
haberse generado una interesante charla entre gente amiga sobre si la película
era realmente chota, o si debería entenderse dentro de un contexto de cine
berreta, yo prometí redoblar la apuesta a la semana siguiente con la película
de la que voy a hablar hoy; estoy refiriéndome a Némesis (1992), revelemos
el misterio.
A Albert
Pyun puede considerárselo fácilmente el Uwe Boll (La casa de los muertos,
Alone in the Dark) de finales de los ’80 hasta mediados de los ’90; muchas
de las películas con peores consideraciones en esa época pertenecen a él; por ejemplo
Cyborg(1989) – la película que lanzó al estrellato a Jean Claude
Van-Damme – y Dollman (1992) otro de los “famosos” títulos pedorros de
Full Moon Entertaiment.
Bueno, este
beneplácito señor es también el director de Némesis (que en verdad se pensó como Cyborg 2) , una de las primeras
películas que terminó venciendo mi gusto por los films malos.
Paso a
contar cómo di con esta película en algún momento de flaqueza. Cuando iba al
videoclub cerca de casa, muchas veces (la mayoría) lo hacía junto a mi hermano
que disfruta mucho las películas de aventuras; cada vez que íbamos mirábamos
intrigados la caja de esta película editada por Transeuropa, la
agarrábamos, estábamos a punto de dársela al dueño del local, y siempre nos
arrepentíamos antes, nos agarraba algún temor o que se yo, terminábamos
eligiendo otra. Asi estuvimos durante unos años, hasta que un día fui yo
directamente con la sola idea de liberarme del incógnito, la alquilé y ese día
a la noche la vimos. Tengo que decirles que fue una experiencia inolvidable...
hasta el día de hoy seguimos acordándonos y lamentándonos, podría decir que es
NUESTRA PELÍCULA MALA.
A los que
no les interesan los motivos personales ya pueden volver a leer, veamos el
argumento (o lo que pretende serlo). La acción se desarrolla en un futuro
diatópico, apocalíptico, casi desierto... o un presente paralelo talvez; todo
comienza con nuestro héroe Alex (la “estrella Clase B” Olivier Gruner)
persiguiendo a una pandilla de peligrosísimos delincuentes punks, se arma una
balacera, parece que a Alex lo asesinan pero no; se descubre que es un Ciborg,
un robot bah.
Luego de
ese incidente, el policía es recauchutado, pero decide abandonar las fuerzas y
¡¡¡dedicarse al contrabando!!!; lo cual no dura mucho ya que la misma policía
para-oficial lo secuestra y lo obliga a ir en busca de una señora robota que se
pasó al bando contrario para aniquilarlo y regresar una pieza de
ultra-tecnología que este se pirateó. Pasa que el tipo no puede negarse ya que
el maléfico Doctor Farnsworth (sí, como el viejo de Futurama) que
trabaja para esa agencia del gobierno le instaló una bomba en el corazón.
Siguiendo
con el derrotero delirante, Alex contacta a los contrabandistas tecnológicos
pero ahí se entera de que estos en verdad son los buenos y no el hombre que le
puso en el pecho, claaaro. En verdad intentan frenar una conspiración que tiene
planeado el despótico gobierno para acabar con toda la humanidad (o los robots,
o lo que sea); Alex los va a ayudar...
Esta bien,
el argumento se debate entre estúpido e hiper trillado, pero encima prácticamente
no se entiende nada de lo que ocurre. Como dije, es el día de hopy que todavía
me acuerdo de las caras de mi hermano y yo mirándonos uno al otro como pidiendo
alguna explicación de lo que se veía en pantalla (o para ver quien se animaba a
pulsar primero el stop, en realidad).
En realidad
lo único que vemos es una sucesión interminable de combates y balaceras sin
sentido alguno mezcladas con combates de artes marciales (¿?); diálogos
ultra-incoherentes; chicas en minifalda, musculosas rotas y pelos con spray;
ah, y los robots más chotos que se puedan imaginar.
Imagínense
unos hombres con sobretodo y lentes de sol a los que de golpe se les abre la
cabeza por la mitad y de ahí sale una metralleta; o mujeres que tienen bazookas
en lugar de brazos; otros que en verdad parecen tanques de guerra con cabeza; y
todo así, como si fuesen Ciborgs que también sirven de armamentos o que se
yo... y como si fuese poco imagínense todas esas cosas hechas con el vuelto que
les quedó de un café automático. In-des-crip-ti-ble.
Némesis se encuentra dentro del sub-género
Ciencia-Ficción Cyberpunk, y reconozco que no es mi género preferido, pero esta
película fue el colmo. Además de ser un abierto choreo a Blade Runner, Mad
Max, Terminator, Highlander, la propia Cyborg y sigue la cuenta; lo
peor que tiene el argumento es ser inentendible; todo el tiempo nos plantea un
todos contra todos, una invitación gratuita a la violencia descarnada sin
sentido alguno, y no importa cómo termina, quien gana, si total hasta ahora no sabíamos
quién es quién.
Como aclaré
los FX son un caso de emergencia, a los increíblemente espantosos robots hay
que sumarles unas naves futuristas hechas de maqueta rígida mal construídas,
efectos de maquillajes más que pobres, y un vestuario... bueno, podrí seguir
enumerando así un tiempo largo.
Los actores
están por debajo de la media de cualquier producción de acción clase B (lo que
ya es decir mucho), y además la inexistente dirección de Pyun ayuda poco y
nada.
En
definitiva, siempre digo que lo peor que una película puede hacer es aburrir, y
aunque inexplicablemente para mi Némesis tiene sus seguidores y cierto
reconocimiento, yo sigo sosteniendo que tanto combate y metralletas en la
cabeza terminan por cansar, por aburrir, creando un irrefrenable deseo de
terminar con lo que se está viendo.
Como si no
bastase con esto, Némesis tiene tres secuelas (la segunda de ellas es
con material de montaje de la 1 y la 2, o sea...), Pyun ya anunció para este
año el encuentro del siglo Ciborg Némesis, el vs. De sus dos “obras
maestras”, Dios nos libre...
Para el
post de este fin de semana estuve maquinando toda la semana un listado de
comedias románticas en las que influye un elemento fantástico, mágico... y
cuando lo tenía ya todo pensado cambié sobre la marcha. Hoy domingo es el
cumpleaños de una de las fuentes de apoyo e inspiración que me ayudaron a dar
el empuje para retomar la escritura de este post; en este momento creo que le
debo algo, y dedicarle este conteo es mi forma de agradecerle.
Ah, no lo
dije, la cumpleañera es la Señora Graciela Fiori, la mujer más comiquera que
conozco; por eso acá van cinco ejemplos caprichosos de películas que “se
atrevieron” a adaptar comics protagonizados por mujeres de armas tomar, bueno
superheroínas, es más son tan poderosas que las películas y los comics llevan
sus nombres como títulos.
1 –
Barbarella:
Este
heroína creada por Jean Claude Forest tuvo su primera aparición en las páginas
de una historieta en 1962. De origen francés, nos cuenta la historia de una
heroína en un mundo post-apocalíptico que enfrenta a diferentes villanos usando
como arma principal la feminidad; sí, es un comic cuasi erótico.
Gracias a
la “revolución” que causó mostrar a una mujer casi desnuda y con grandes curvas
cargarse a varios machos; el éxito fue tan grande que en 1968 Roger Vadim se
encargó de llevarla a la pantalla grande.
En Barbarella,
Jane Fonda en el rol que la llevó al estrellato es una mercenaria que anda todo
el tiempo con un mini atuendo y seduciendo a sus oponentes. A ella se le encarga
la misión de encontrar al científico Durand Durand (sí, la banda pop lleva el
nombre en su honor) que se encuentra junto a la Gran Tirana. En el camino por
ese mundo apocalíptico en donde los orgasmos son provocados por píldoras,
Barbarella se cruzará con diferentes personajes a los que enloquecerá y con los
que terminará manteniendo relaciones hasta descubrir el verdadero orgasmo
sexual; pero ella va ser sometida por el científico a una máquina que provoca
la muerte... claro mediante un orgasmo interminable.
Bueno, sí,
el argumento es el de una película porno con poco vuelo, pero el resultado es
muy divertido, hay bastante acción y además es el colmo del kitsch con naves de
peluche, vestuario entre ruinoso y colorido, y pelo con litros de spray. Esta
bien, me convencieron, tiene todo los ingredientes de una condicionada menos el
sexo explícito, pero es un clásico de la época y bien vale una mirada.
2 –
Supergirl:
Ehhhh, es
la prima de Superman, obviamente. Este personaje creado en 1959 por Otto Binder
y Al Plastino tuvo muchísimas variaciones en las páginas de DC Comics; pero
vayamos a la película.
Kara-El
(Helen Slater), prima de Kal-El, forma parte de los sobrevivientes del planeta
Kripton y llega a la Tierra en busca del Omegaheadron, una fuente de energía
vital para su planeta que accidentalmente se encuentre en el nuestro.
Al llegar
se entera de que acá tiene súper poderes, y habiendo escuchado la leyenda de su
primo, decide ocultarse bajo el alias de Linda Lee que se hace amiga de Lucy
Lane (si, la hermana de Lois, ufff). Pero Linda/Kara deberá enfrentarse a la
hechicera Selena (Faye Dunaway) que dice provenir del planeta Endor (nada que
ver con los Ewoks, pero bueh...) y utiliza la cosa esa del Omegaheadron para
hacer magia negra.
En fin, es Superman
sin Superman y con una Helen Slater escasa de gracia. La película se produjo de
apuro y rápidamente ya que el personaje en realidad no iba a tener su propia
película sino que iba a formar parte de la tercera parte de las aventuras de su
primo; luego el guión de esa cambió, Kara-El se quedó sin lugar en el
argumento, y ya que estaba la Warner le vendió los derechos a Tristar para que
hiciera una película con el personaje.
Supergirl
fue estrenada en
1984, primero en el resto del mundo y luego en EE.UU. por lo que la taquilla
fue bastante pobre, clausurando la posibilidad de una secuela que se prometió
durante un par de años.
3- Tank
Girl:
Si se
preguntan ¿quién? talvez sea porque ni el comic ni la película son muuuy
conocidas, pero es lo que hay.
Este personaje
en realidad surgió como la imagen de la banda británica Smalls University que
integraban sus creadores Alan Martín y Jamie Hewett. Se ve que la imagen pegó
)no así la banda ¿?) y en 1988 tuvo su propia historieta dentro de una revista
de recopilación.
Este comic
obtuvo cierta relevancia por retratar parte de la rebeldía ochentosa que se
estaba gestando en el Reino Unido; mucho punk, mundo post-apocaliptico (paro
acá sin lo kitsch), ambiente belicista, drogas... y lesbianismo.
En 1995
Rachel Talalay, directora de Pesadilla 6: La muerte de Freddy (Freddy’s
Dead:The Final Nightmare, 1991), se encargó de realizar una adaptación del
comic alla Hollywood, o sea mucho menos provocativa.
En Tank
Girl Lori Petty es Rebecca/Tank Girl una chica que sobrevive en un devastado
2033 en donde un meteorito estalló contra la Tierra y el agua casi no existe.
Todo es controlado por la empresa Agua y Energía dirigida por un despótico
magnate interpretado por un Malcolm McDowell aún más volado que lo habitual.
La
comunidad en la que vive Tank resiste gracias a un pozo de agua encontrado en
los fondos de una casa, pero la empresa está decidida a terminar con esta
rebelión, y la chica, que usa el tanque como su casa, le emprenderá pelea junto
a Sam (Naomi Watts), su entrañable “amiga” (en el papel es mucho más claro y
explícito el rol de novia y amante, acá se le deja entrever).
Realmente
una película rara, constantemente mezcla la acción real con imágenes de la
viñetas que funcionan como separadores o cortes en la acción (en el medio de un
combate, al mejor estilo Batman de los ’60 vemos cuadritos con la heroína
atacando y un Bam! Wom! Zas! escritos). Además la estética es muy similar al de
un videoclip de No Doubt con colores hiper chirriantes, los personajes
acercándose a la cámara, actuando a gran velocidad, y hablando a los gritos.
Por último varias situaciones supuestamente cómicas parecen algo descolocadas.
La película
terminó siendo un fracaso bastante grande (enorme diría), y en casi todo el
mundo llegó directo al VHS sin ninguna publicidad. Cada tanto la dan por
TVCable.
4-
Gatúbela:
En realidad
el personaje de la película poco y nada tiene que ver con la
Gatúbela/Catwoman de los comics y mucho
más conocida por todos Selina Kyle, pero la excusa viene bien.
Gatúbela
tuvo su primera aparición en la historia de Batman allá por 1940 de la mano de
Bill Finger y Bob Kane como la famosísima ladrona de joyas que deambula entre
el bien y el mal y romancea con el encapotado murciélago; recién en 1989 y
luego de varias reversiones tuvo su historieta propia.
Ahora, como
aclaré antes, la Gatúbela que tuvo su propia película no tiene nada que ver con
todo lo escrito en el párrafo anterior. Luego de años de promesas y amagar con
filmarla (como DC siempre hace), recién en 2004 se le encargó al galo Pitof
(que venía de la sorprendente Vidocq – 2001 – ) la realización de Gatúbela y entre
varias opciones la elegida para el rol fue Halle Berry.
Aclaro, por
tercera vez, olvidémonos de Selina, acá la protagonista es Patience Phillips
una diseñadora gráfica que se viste realmente para el carajo y trabaja en una
importante empresa de cosméticos Hedare.
En esta
empresa se está cocinando algo que huele muy feo y no es mondongo; el próximo
producto de lanzamiento es una crema antiarrugas que tiene nefastas
consecuencias sobre las clientes. Patience descubre el chanchullo, la persiguen
para matarla, la matan, pero vuelve a la vida gracias a unos gatos persas que
se escapan de la casa de una vieja mística interpretada por Frances Conroy.
Luego de
esto, Patience se convierte en una fiera, tajea un par de atuendos de cuero, se
tiñe el pelo de un rubio espantoso, y se pinta los labios de un rojo trola, ah
y se caza una máscara de gato, obviamente. Así, esta Gatúbela con el peor
atuendo de la historia (viendo las ropas que antes usaba Patience todo cobra
lógica), primero roba unas joyas, enamora a un policía medio pánfilo, y se
enfrenta a sus asesinos y a la reina de Hedare, Laurel (Sharon “el ACV afectó
en mis decisiones” Stone), que previamente se aplicó la cremita y ahora tiene
piel de metal, en una escena realmente divertida.
Bueno, sí,
la película es horrible, la historia es estupidísima, la estética es espantosa,
Halle Berry actúa muy mal, y hay risas involuntarias por todos lados. Pero aún
así hay algo inexplicable que me gusta de esta película. Ya saben que a mi me
gusta reírme de películas muy malas, y además me gustan los personajes de
Frances Conroy (que sirve para darle una explicación mística al origen de las
Catwoman’s) y el de Sharon Stone parodiándose a sí misma.
La película
fue un fracaso terrible y todos quisieran olvidarla, aún así no se compara a lo
que viene a continuación...
EL FIASCO DE TURNO
5- Elektra
Este
personaje de Marvel Comics bien puede compararse con su par de DC, el del ítem
anterior, en su indefinición entre el bien y el mal. El nombre completo es
Elektra Natchios, una ninja asesina (o Kunoichi, para los entendidos), creada
por Frank Miller en 1981 como un personaje de Daredevil, y con tanto
éxito que llegó a tener publicación propia.
En 2003
cuando Daredevil fue llevado al cine, Elektra tuvo una participación
interpretada por Jennifer Garner. Pese a que la película tuvo un resultado más
bien moderado, Marvel cumplió con su promesa, y en 2005 le dio a la ninja su
propio film, Elektra, nuevamente interpretada por la protagonista de la
serie Alias.
Dirigida
por Rob Bowman, la película sigue la historia inconclusa de Elektra en Daredevil,
a ver tirando algo de SOPA FRÍA, en esa película a la media hora, cuarenta
minutos más o menos Natchios es asesinada por Bullseye, pero sobre el final se
deja pensar que puede estar viva.
Acá
arrancamos con una Elektra revivida por un monje practicante de las artes
marciales (Terrence Stamp) que le enseña la técnica del Kimagure basada en la
precognición y el arte de revivir a los muertos (¿?).
La chica se
transforma en una asesina a sueldo que es enviada a una casona alejada en medio
de un bosque para aniquilar a un objetivo oculto que luego resulta ser Mark
(Goran Visnjic) y su hija Abby, interés romántico de la heroína que además se
encariña e identifica con la niña. Entonces, decide pasarse para el bando
contrario y protegerlos de los nuevos asesinos que la agrupación criminal La
Mano manda a eliminarlos; todos asesinos con algún condimento sobrenatural.
¿Qué tiene
de malo la película para ser un fiasco? Es taaaan aburrida. El argumento da
varias vueltas y cae un clichés varios, la historia pareciera no definirse
entre un film de superhéroes, una de acción sobre proteger a una víctima
inocente, y el más ramplón drama romántico. Los diálogos insípidos y las
actuaciones puramente inexpresivas tampoco ayudan.
Como aclaré
en cuando hablé de Gatúbela las películas malas me parecen divertidas,
pero Elektra no llega ni siquiera a eso. Además de tener todos los
ingredientes propios de un film incoherente, comete el pecado gravísimo de no
entretener haciendo de la hora y media de duración una experiencia
interminable. Es más, hay una pedorrísima película con la erótica-star Shannon Tweed que también se llama Electra (1996) y con todo esa es más divertida que esta.
Las escenas
sentimentales son directamente para el fusilamiento, y los momentos de acción (que
tardan en llegar) no son realmente destacables además de ser arruinados por FX
muy pobres.
Por último
los personajes son poco desarrollados y los villanos sobrenaturales son
tristemente ridículos. Un fiasco echo y derecho que tuvo su merecida poca fortuna
en la taquilla.
Bueno, acá
están cinco ejemplos de mujeres que no le temen a enfrentarse al peor de los
villanos; aunque los resultados fílmicos en su mayoría no hayan sido muy
destacables, hablar de los personajes en sí es otra cosa; suelen ser protagonistas
muy ricas en matices.
Para ir
terminando lo único que me queda por decir es ¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS GRACIELA!!