miércoles, 8 de agosto de 2012

BANDAS SONORAS GLORIOSAS: Flashdance


La cosa es así, 1983 fue un gran año. Mientras por acá regresaba (esperemos que) definitivamente la democracia, otras hechos sucedían que lo hacían aún más grandioso; nacía yo, y se estrenaba El Regreso del Jedi (Star War: Return of the Jedi). Ya solo con esos eventos alcanzaría para ponderarlo como un año memorable (sí, me quiero mucho y todos deberían recordarme ¿?), pero además fue el año en que se estrenó una película con uno de los soundtracks más apreciados de la historia del cine; 1983 fue el año de Flashdance.



Si la premisa de esta sección es hablar de bandas sonoras que superan (o por lo menos igualan) en grandeza y popularidad a la película de la que salieron, este ¿sorpresivo? éxito de Adrian Lyne debe ser el súmun de esto. Piénsenlo bien, ¿se acuerdan del argumento? bueno, a eso me refiero.
Para los desmemoriados ahí va; todo el asunto gira en torno a Alex Owens (Jennifer Beals) una chica que tiene por objetivo ser bailarina de ballet. Pero para eso debe esforzarse mucho, y de mientras trabaja en una fundición de acero y de noche se gana unos dólares extras bailando en un cabaret... a donde concurren sus compañeros de trabajo. Ahora, no todas son pálidas en la vida de Alex, además de despuntar el vicio en el cabaret (el vicio del baile, ojo), ahí también es donde la ve su jefe por primera vez, o donde por primera vez no la confunde con un hombre, y habrá amor, ahhhh
Mi punto es que, si con ese ridículo/pedorro/irreal argumento no hubiese atrás una buena banda sonora llena de clásicos pop de la década (y una muy importante campaña publicitaria detrás, obviamente), estaríamos hablando de algo similar a Showgirls (1995), ese esperpento que hizo que perdiéramos el respeto por Paul Verhoeven durante mucho tiempo.

Pero bueno, el genio del marketing cinematográfico Jerry Bruckheimer (junto a su socio de entonces, Don Simpson) hizo de esta cosa un éxito, y es que lo que se pretendía desde el vamos era vender los discos y cassettes.
El primer hit fue el leit motiv de la película, Flashdance... What a feeling interpretado por Irene Cara; esta canción es el día de hoy que sigue sonando en todos lados y nunca falta alguna publicidad que la traiga de vuelta del recuerdo. Por supuesto, la canción, al mejor estilo “autoayuda” habla de perseguir los sueños, no bajar los brazos, y bailar en un mundo de acero (¿¿??).
El segundo corte de difusión, y que a mi me parece mucho más interesante, fue Maniac de Joseph Sembello. Esta canción, en realidad, fue escrita para otra película, la genial Maníaco (Maniac, 1980) del groso William Lustig que habla de un asesino serial que mata mujeres para arrancarles el pelo y “decorar” unos maniquíes que tiene en la casa (si, es buenísima); pero el tema de Sembello quedó afuera, asi que a la letra se le hicieron un par de modificaciones y pasó de ser un asesino maniático, a ser una maniática en la pista de baile. Aún así, el ritmo es bien pegadizo y cada vez que la escucho me quedo un rato tarareándola.
Además de estos dos, que son sus cortes más recordados, la película tenía canciones de Joe Espósito (la balada Lady, Lady, Lady) – quien originalmente iba a cantar la canción de Irene Cara -, Laura Branigan (Imagination), y Donna Summer que interpreta la canción Romeo más conocida por ser un éxito de la cantante que por formar parte de esta banda sonora.

Este soundtrack fue uno de los más vendidos de su década (en la cual brillaron los mismos), y el éxito de las canciones arrastró al éxito de la película que fue una de las más vistas del año. La estrategia de lanzar antes las canciones para que fueran “enganchando” al público definitivamente dio resultado.

Sobre la película no se puede decir mucho más, como leyeron, el argumento es directamente risible. Las escenas en las que vemos a Alex con una soldadora en mano deben formar parte de algún panteón de mejores momentos de risas involuntarias en el cine; Velas estaba demasiado ocupada aprendiendo las coreografías como para si quiera saber como se agarra esa herramienta. En cuanto al resto, no deja de ser menos delirante; ese cabaret debe ser reconocido por tener a las mujeres más tapadas del mundo, la sensualidad está todo el tiempo en insinuar pero sin mostrar, lo cual estaría perfecto... sino fuese porque esos lugares están pensados para que los hombres vayan a ver mujeres en pelotas, es así. La chica baila de acá para allá y se queda con un bombachón, medias!!!!, y un pullover!!!!, ah, eso sí, se tira un balde con agua encima ¿?.

Quien ocupa el lugar de director no es otro que Adrian Lyne, y ahí entendemos un poco más las cosas. Este señor vendría ser el rey del cine “erótico” hollywoodense, o sea el preferido para filmar cosas con temas supuestamente fuertes pero en donde todos estan tapadísimos como si hiciese – 40° bajo cero (llámese Atracción Fatal, Propuesta Indecente, Infidelidad, y varios etc.). Pero bueno, este no es un posteo sobre la desnudez en el cine, sino sobre la música en el cine, y de eso hay bastante en la película, y Lyne sabe adornarlo bien filmando varias escenas que parecen videoclips exclusivos para el lucimiento de las canciones; tarea cumplida.

Jennifer Beals adquirió cierta popularidad con este film, pero así como ascendió rápido desapareció de la misma manera. La verdad es que en esta película aporta el carisma necesario, y podemos decir que baila bien, pero como actriz... Bueno, las últimas veces que la vimos en una sala de cine por acá fue en cosas como Turbulencia 2 (Turbulence 2: Fear of Flying, 2000) que solo Dios sabe por qué se estrenó en nuestras pampas.
El resto del elenco desapareció junto con la película y ninguno es muy recordado, ni siquiera Michael Nouri (si alguien sabe quién es que avise), que interpretó a Nick, el jefe y enamorado de Alex.

En fin, Flashdance encierra todo lo que pretendo expresar en estas reseñas. Una película que le debe todo a su banda sonora, sino traten de recordarla sin tararear, aunque sea un poco en la mente, alguna de sus canciones; casi imposible.

Acá les dejo las canciones a las que hice referencia, ¡que las disfruten!:

What a Feeling


Maniac



Lady, Lady, Lady


Imagination



Romeo




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martes, 7 de agosto de 2012

RECUERDOS DEL VHS: Clase 1999


No puedo dejar de ver cine esta vez toma el camino fácil y recuerda a uno de los títulos más famosos de la era “directo a VHS”, Clase 1999 (Class of 1999, 1990).



Por si sos de los ¿pocos? que no la vio, vamos con el argumento. Nos situamos diez años en el futuro, es el fin del Siglo XX y las cosas se pusieron feas, realmente feas. Asistimos a un colegio secundario que realmente parece una prisión escolar; no solo en cuanto al aspecto, sino que adentro pareciera regir una suerte de anarquía. Varias pandillas se disputan el mando y el control del descontrol mientras los adultos “responsables” parecen simples víctimas. Pero hay que poner un coto a esta situación; y es ahí cuando llegan tres profesores que en un principio parecen personas normales pero dispuestas a poner orden a través de la rectitud.
El problema es que estos tres profesores no son personas normales, ni siquiera son personas; son robots con chips militares re-programados para dar clases en colegios secundarios; y otro problema es que parece que no les hicieron un buen back-up y de pronto como que recuerdan su etapa militar. El remedio será peor que le enfermedad.
De esta manera lo que se plantea es una descarnada lucha entre alumnos revoltosos y los otros contra tres robots sacadísimos que quieren poner orden a cuesta de sangre.

El director de esta suerte de Al Maestro con cariño (To Sir, with Love, 1967) cargada de violencia tecnológica no es otro que Mark Lester, un director que se mueve como pez en el agua en la clase B de Hollywood buceando en distintos géneros siempre con un toque de exploitation o algo parecido. Para los que no lo conocen, el señor es el que ocupó la silla de director en películas como Comando (1985), Firestarter (1984 )Masacre en el barrio chino (Showdown in Little Tokio, 1991), o sea tiene un historial de películas bastante recordadas entre la segunda mitad de los ’80 y principios de los ’90.

Para Clase 1999 Lester pensó en una suerte de secuela de otra de sus películas más conocidas Clase 1984 (Class of 1984, 1982) que en su momento causó una pequeña controversia por su carga de violencia juvenil y dio a conocer en el cine a Michael J. Fox como un estudiante atildado. El argumento de esta es bastante similar, pero sin robots y poniendo el foco en la maldad pandillera sobre de un noble profesor, una inocente víctima.
En cambio, acá la cosa va mucho más lejos, ya que las víctimas podrían ser los que quedan en el medio; como si fuese una respuesta de Lester a las críticas que recibió por su anterior film  de contener un mensaje reaccionario. Ahora el problema sigue estando instalado en los jóvenes delincuentes, pero la solución de más violencia sólo empeora catastróficamente las cosas.

Desde su edición en video a través de VideoOmega (es otra producción de Vestron Pictures – para más vean la reseña a Gnomo Cop - ) la película hizo furor en las góndolas de lo0s videoclubes. La película expresaba toda la rebeldía que estaba adentro de los adolescentes marginados y demostraba que la rectitud era todavía peor; casi como una película anárquica. A este furor se le suma una banda sonora cargada de música trash o rock pesado de los ’80 con canciones de John Moore, Nine Inch Nails y 24-7 Spyz todas bandas que en ese momento se movían en el underground de la música punk estadounidense.

Todo este mensaje de rebeldía y violencia sin fin es ayudado con una estética similar en el que abunda una fotografía sucia, un ritmo pesado pero acelerado, y escenas de acción muy violentas. En cuanto al espíritu tecnológico es donde más se nota la Clase B, obviamente; la película intenta aprovechar el éxito de Terminator, los profesores son casi hermanos gemelos del T-800, y es más, el afiche original es realmente parecido a uno de Terminator 2, solo que el film de Lester es anterior, mmmm. Pero lo bueno de esta película es que, a diferencia de la de Cameron, realmente va hasta al fondo. Es la típica cuestión del cine de bajo presupuesto, toman la idea de un film mucho más grande, pero le agregan toda la carne al asador que la otra no pudo tener, o sea la violencia descarnada.

Entre los actores hay varias glorias del B ochentoso, Malcolm McDowell está tan sacado como siempre, PaM Grier luce sus últimos catuchos como bomba blaxpoitation ya algo madurita, y por ahí anda Stacy Keach como diciendo también se hacer films serios.

Hay que decirlo, Clase 1999, es realmente una película muy entretenida, aún si uno no la mira con los ojos de la rebeldía adolescente, la película se mantiene muy bien como un buen exponente de ese típico cine hiper-violento que se hacía en los ’80... pero con una cierta crítica hacia eso mismo. Otro punto a favor es que mantiene un cierto tono paródico, como que todo el tiempo es consciente del delirio de su argumento y se toma en solfa desde la exageración de varias escenas hasta lo imposible de ciertos diálogos. En definitiva, este tipo de películas son las que hicieron memorable este tipo de cine en esa década que acababa de terminar.

Cuatro años después Clase 1999 tuvo una pedorrísima secuela que es mejor ignorar totalmente (aunque talvez le llegue a hacer una reseña en esta sección solo para reirme). Una suerte de campo de batalla entre alumnos y profes robots en un partido de paintball muy malo. Pero claro, Lester ya no estaba al mando.

En definitiva,  hay va mi pequeño homenaje a este realmente muy buen film bizarro, otra muestra de que ciertos adjetivos no implican per se que algo sea despreciable. Para terminar, es una película de visión casi obligatoria para entender al cine de esa época.



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sábado, 4 de agosto de 2012

CINE EN LISTA: Productos que talvez no deberías consumir


Para la lista de películas de esta semana, No puedo dejar de ver cine se vuelve anti-capitalista (¿?) Y advierte que no siempre es conveniente hacerle caso al frenesí consumista y comprar todo lo que nos ofrecen... o por lo menos deberíamos tener cuidado de ciertos productos “potencialmente” peligrosos que lejos de simplificarte o alegrarte la vida (¿¿¿???) pueden tornarla un verdadero infierno.
Tenerlo todo no es la mejor opción, y menos poseer estos ocho artículos signados por la maldición cinematográfica.
                        
1 – Yogurt Helado marca “The Stuff”





Sí, ya sé que el envase es llamativo, que las publicidades son tentadoras, y que no hay nadie que no lo haya probado y no se haya vuelto adicto; pero precisamente esta última característica es de la que tengo que advertirte; una sola probadita y estas perdido. The Stuff va a hacer crecer vida dentro tuyo, y no estoy hablando de un bebé sino de una masa de yogurt gigante; además por más que quieras no lo vas a poder dejar. Creeme esta cosa te hace más fuerte que el Danonino, te cura de más cosas que Actimel, pero te hace cagar peor que Activia... te hace cagar fuego.

¿Cuántas veces hable de esta película ya? Es que no me canso. Sólo de una mente tan podridamente genial como la de Larry Cohen puede salir algo tan bueno como La sustancia maldita (The Stuff, 1985), una de mis películas favoritas. La delirante idea de mezclar The Blob con una crítica al consumismo, sumamente divertida, espectacular.



2 – Máscaras de disfraces marca Silver Shamrock



Sí, sí, llego Halloween y querés quedarte toda la noche frente al televisor mirando películas de terror. Sí, ya sé que la última moda para la fecha no es ahuecar un zapallo y ponerle una vela adentro sino comprase una máscara de calabaza y mirar la tele con ella puesta... pero pará, pensalo otra vez, fijate si cuando te la ponés no te falta el aire, fijate si tiene el sello de seguridad Silver Shamrock; y si es así, fuiste, sacátela antes de que te comprima la cabeza y te empiecen a salir gusanos por todos lados (¡!).

Es que en Halloween III – Noche de brujas (Halloween III: Season of the Witch) hay unos “asesinos” que son peores que Michael Myers, o por lo menos más graciosos. Son unos robots!!!! que comandan una fábrica!!!! y hacen máscaras para vender en Halloween y si las usas justo cuando den una simpatiquísima señal en la TV te vas a morir. Si, esa es el argumento de este delirio dirigido por Tommy Lee Wallace, como mínimo es divertida y le enseña a los chicos a no hacerle siempre caso a todo lo que nos dicen en la televisión.



3 – Juguetes Zevo



Bueno, ya sé que los juguetes de Zevo son los mejores, los más originales. Pero viste que el dueño original crepó y el hermano que tomo el control como que es un poco recto, medio milico diría yo. En todo caso, cuando compres uno de sus juguetes fijate que sea de los de la primera etapa y no de los que le salen cañones reales para disparar.

Barry Levinson tuvo la ¿descabellada? idea de que una empresa de juguetes súper fantástica era conquistada por un hombre con aspiraciones militares que construía juguetes bélicos, o mejor dicho armas con forma de juguete; y la convirtió en su película de 1992 Juguetes (Toys) una película realmente simpática que, para mi, es injustamente desacreditada varias veces. La idea de un mundo de fantasía e inocencia amenazado por el mundo bélico me parece una muy buena analogía-



4 – Muñecos “Good Guys”

                                          Esto no es un comercial de la película,sino un comercial de 
                                                        los muñecos que inspiraron a Don Mancini a crear a Chucky

Ya sé que son hermosos (a decir verdad tienen cara de hijos de puta desde el vamos) , ya sé que parecen súper inofensivos y cariñosos, y que parecen el juguete ideal para nenes chiquitos... pero creeme que con un Gi-Joe estás más tranquilo. Es que los Good Guys son muñecos muy propensos a ser poseídos por espíritus de asesinos seriales.

El guionista Don Mancini y el director de La hora del espanto (Fright Night, 1985) Ton Holland, crearon una historia donde un chico y su madre deben enfrentarse a un muñeco pelirrojo símil bebote que no hace más que querer acuchillar a todo el mundo, claro es que tiene el espíritu del asesino Charles Lee Ray en su cuerpito de tela. Realmente da mucho miedo ya que está lejos del estilo paródico que fueron tomando sus secuelas. Se espera una sexta secuela y una remake, veremos.



5 – Crema Anti-Age Beau-Line



La idea de una piel tersa y firme resistente al paso del tiempo es muy tentadora. En Hedare Beauty promocionan que frotándote durante un tiempo esta cremita se te van todas las patas de gallo y ya no vas a envejecer.  Ahora, fijate que no termines con la piel y el rictus de un soldadito de plomo.

En Gatúbela (Catwoman, 2004) la esposa ex-modelo del dueño de una empresa de cosméticos, Sharon “cirugía” Stone,  prueba sobre sí misma la última innovación de la empresa, una crema que rejuvenece la piel pero que la vuelve dura como el acero (la escena en la que le pegan una patada y tras el ruido de metal le queda la cara abollada es por lo menos graciosa). Pitof (Vicocq) dirigió esta película criticadísima con Hallew Berry como la ladrona/heroína del título y una de los trajes más ridículos de la historia.  Igual a mi no me disgustó tanto, por lo menos tiene gracia y abundan los gatos, no como en la última versión del personaje...



6 – Muñecos Comando Elite



Los Gi-Joe parecen una estupidez al lado de estas verdaderas figuras de acción que hablan, pelean, y se articulan... por sí solos. Tener un Comando Elite puede ser toda una aventura, sobre todo si también tenés cerca de uno de sus contrincantes, los inocentones Gorgonitas. El asunto se puede poner realmente muy divertido... bueno, salvo que empiezen a usar tácticas bélicas reales y te disparen un mini bazookazo.

El genio de Joe Dante llevó la idea de Juguetes mucho más lejos en su excelente Pequeños Guerreros (Small Soldiers, 1998). Acá la crítica al consumo y a la violencia innata en la sociedad yanqui están a la orden del día. Todo es culpa de una empresa de Globotech, una empresa de tecnología armamentista que absorbe a una juguetera y utiliza chips de la primera para usarlos en productos de la segunda ¿se entiende?. Entretenida, crítica, súper aventuresca, muy muy graciosa, ¿se puede pedir más?



7 – Hamburguesa Big One de Mickey’s



Que las hamburguesas de Mickey’s Burguers son las más ricas no cabe duda; que tienen un sabor que las hace únicas, también; pero ojo, que el ingrediente que las hace tan especiales puede ser un poco, ¿cómo decirlo?, repugnante. Es que en esa hamburguesería no solo la atención es una mierda, el juguete de la cajita es una mierda, y los precios son una mierda, sino que las hamburguesas tienen mierda.

Uno de mis directores favoritos, Richard Linklater (Escuela de Rock, Antes del Amanecer) realizó una dura crítica al sistema alimenticio y consumista de EE.UU. en Fast Food Nation (2006), una sarcástica “historia coral” en la que varios personajes se ven involucrados en la cadena de producción de unas hamburguesas infectadas “por error” con caca de vaca. La película es tan terrible como graciosa.



... Y si aún así no te convencés de que hay productos que son peligrosos el cine te da otro ejemplo, un muy mal ejemplo...

EL FIASCO DE TURNO

8 – Jalea Ooze Jelly



Estas en la plaza y de golpe se aparece un viejo violeta, con la cara derretida, mirada libidinosa, y encima un gorro de bonete... no hay nada más atrayente ¿?. De golpe te ofrece un pote (que parece de Lord Cheseline) con una baba violacea que parece no servir para nada, pero no importa, le das tus billetes y la compras porque parece muy divertida. Eso sí, mantené esa cosa alejada de tus viejos, porque ellos tampoco parece que pueden resistirse a abrirla y en cuanto la toquen se van a volver unos zombies a la orden del viejito, el villano de... ¡¡¡los Power Rangers!!!

Sí, sí, y sí, la primer película de estos soporíferos muchachos titulada en un dechado de originalidad Power Rangers: La Película (Mighty Morphin Power Rangers: The Movie, 1995), es, como se podía esperar horrible, con H de hondo.
No me pregunten como terminé viendo esta película (y su aún peor secuela), porque nunca me gustó la serie; pero bueno, es otra muestra de que soy capaz de ver lo que sea.
El tema es que estos pibes se van a tener que enfrentar a Ivan Ooze este viejo mocoso que a través de la gelatina violeta controla a todos los adultos y les quita los poderes al grupo.
Por si algún distraído no entendió que este esperpento es malo muy malo y quiere saber cómo sigue; los adolescentes se internan en el bosque, se encuentran con una guerrera que les enseña a pelear de nuevo ¿? y les da nuevos poderes. Se enfrentan a los malosos otra vez, y cuando casi están perdiendo y, para alegría de más de uno, se están muriendo; como siempre, se transforman en este robot gigante patea culos que le gana a todos (nunca entendí porque no se transformaban al principio y la terminaban rápido).
Pero bueno, a lo que viene el caso acá es que por más ridícula que me parece la historia, más ridículo me parece el hecho de ese gel que todos los pibes compran porque sí. ¿Es una crítica al consumismo sin sentido? si es así sería una de las pocas veces en que un producto puramente comercial y vendible se critica a sí mismo...todo puede ser.




Finalizando, he aquí ocho ejemplos de que no todo lo que brilla es oro, y menos si ese brillo es el de una pantalla de TV que nos quiere vender mercancías. Los resultados pueden ser realmente imprevistos, podes tener un producto que mejore tu vida (la idea del consumo feliz), podes tener un producto que la empeore hasta la muerte, o simplemente – y lo más seguro – podes terminar con algo que no sirva para nada, absolutamente nada.
Estos no son los únicos ejemplos que nos ha dado el cine anti-consumista, ¿se acuerdan de algún otro? Comenten y agreguen.
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viernes, 3 de agosto de 2012

ÓPERAS PRIMAS/INFAMES SECUELAS: Piraña II: Asesinos Voladores



Para del día de hoy me decidí a unir dos secciones en una ya que en este caso están bien complementadas... y ya que hace una semana que vengo con retrasos en las reseñas y no puedo ponerme al día, jeje.

Como muchísimos directores hoy día célebres, James Cameron comenzó su carrera bajo el ala del mago de la clase B Roger Corman; el tema es que a el le tocó en suerte comenzar con la secuela de una película bastante famosa; y si Corman le daba escaso presupuesto a producciones originales, menos presupuesto aún le iba a otorgar a una secuela que por lo general recaudan menos. Es así como el director de Avatar (2009) tuvo que pelear contra viento y marea (en este caso literalmente) para concretar su Piraña II: Asesinos Voladores (Piraña Part Two: The Spawning, 1981).


Decidí añadir este afiche para ver el título  de España, "Los vampiros del mar"!!!!



Anne (Tricia O’Neill) es una instructora de buceo en una isla caribeña que, tras la muerte del amigo de su hijo mientras bucea, se inmiscuye en la investigación de una serie de muertes relacionadas al océano. Tras “mucho” investigar va a caer en el terrible descubrimiento de que un barco hundido de la fuerza naval estadounidense portaba un cargamento de pirañas aladas!!!!, si, como lo leen, los pececitos que tienen dientes afilados ahora tienen alas y vuelan!!!, y por supuesto estos son los causantes de la sucesión de muertes. Como siempre ocurre en estas películas, todo esto va a suceder en los preparativos de un campamento de pesca que los gobernantes de la isla no están dispuestos a cancelar. Va a correr sangre, y van a llover pirañas (porque estas vuelan ¿entienden?)

La original Piraña (Piraña, 1978) fue planteada por Roger Corman como una manera de aprovechar el mega éxito de Tiburón (1975) con peces pequeños; pero Joe Dante se las arregló para plantear sus diferencias, logrando algo bastante original y ciertamente muy divertido y consiguiendo una de las mejores (y más taquilleras) películas producidas por la productora de Rogelio.
Pero Cameron no tuvo las mismas agallas; Piraña II, además de no tener casi ninguna relación con su original, termina siendo lo que la primera no fue, una descarada copia del film de Spielberg pero con un 0, 00001% de su presupuesto.

Toda la gracia que había hecho la gloria en la primera parte de Dante, acá simplemente desapareció... y eso que la premisa de esta secuela daba para el delirio desde el vamos (¡¡son pececitos que vuelan!!). Las cosas son tomadas con demasiada seriedad y los diálogos contienen una gravedad que sí, los convierte en risibles.

Los protagonistas son un trío actoral que también intenta emular a los de Steven, Tricia O’Neill pos suerte después se dedicó a la TV, su personaje parece una ama de casa preocupada, la gracia de estas películas clase B siempre es esperar ver un poco de carne, de piel... pero con Tricia no tenemos ni la más mínima esperanza, y mejor que sea así. A esta la acompañan Steve Marachuck, en el rol de novio de Anne/Tricia, otro pánfilo que por suerte abandonó rápido la pantalla grande; y completa el trío ¿heroico? el gran Lance Henricksen demostrando la inmensa amistad que lo une a Cameron (recuerden que el tipo iba ser el original T-800 de cierta película de Cameron), en el rol del jefe de policía , ex marido de Anne (el triángulo amoroso más estúdido jamás visto) que ayuda a los tórtolos... si, Henricksen hace de Roy Schneider en Tiburón.

Si uno habla de una película del “innovador del 3D” (¿?), es imposible no hacer referencia a los efectos especiales... bueno, se ve que Cameron estaba demasiado ocupado planeando su gran film de tres años después como para perderse en nimiedades como hacer que sus pirañas no parecieran de papel maché. Las escenas de “asesinatos” son el súmun de la ridiculez haciendo abuso de una inentendible cámara exploitation; el efecto volador de los peces (que en verdad no son pirañas, pero bueno, los de Dante tampoco lo eran) es sencillamente ridículo, los bichos salen del agua como si nada, pegan saltitos, vuelan como si fuesen un misil (es muy difícil explicarlo de otra manera), y encima mueven la mandíbula como si estuviesen comiendo un choclo rapidito. Además, en  varias secuencias  su piel/escamas/papel crepé se notan despegados!!! Mostrando un poco de estructura alámbrica.
Todo esto no sería tan grave (en serio, al fin uno sabe que es Clase B) sino fuese porque el tratamiento que se le da es el de un film serio, una película importante, se hace un abuso de primeros planos de los peces innecesarios... y se cae en la terrible risa involuntaria. Como si Cameron no supiese manejarse en el terreno del bajo presupuesto (aún Terminator es una película de gran presupuesto para una productora “independiente”) y aún así quisiese manejarse como en una película grande; es un director acostumbrado a impactar desde lo visual, y ya en su ópera prima da muestra de esto, lo que sucede es que acá no hay nada impactante visualmente, todo lo contrario, lo que lo coloca en un lugar de ridículo. Lo que le queda acá es generar misterio, suspenso, y algo de terror... y lo logra a medias, Hay algo de lo que hizo Dante en su antecesora que pareciera no entender Cameron, moverse bien con los presupuestos que se tienen, si no hay dinero hay que jugarse por el desborde, por lo exagerado, haciendo todo divertido; y Piraña 2 precisamente es escasamente divertida, intenta ser terrorífica, ¡pero tiene cardúmenes voladores!, no tiene l seriedad para lograr eso.

Así como estaban las cosas, James abandonó rápido rápido el barco de Corman para bucear en las aguas en las que mejor se mueve, las del impacto visual. Piraña 2 quedó como un registro de otra secuela que se mantiene lejísimos de su original, pero aún así logró convertirse en un clásico de las películas berretas y bien vale mirarla aunque se para ver el primer paso (en falso) de un director que luego iría por mejores cosas. 




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jueves, 2 de agosto de 2012

RAREZAS ARGENTINAS: Click!


Para hacer esta sección en el día de hoy me decidí por abandonar un rato el libro Un diccionario de film argentinos (Raúl Manrupe, María Alejandra Portela, Editorial Corregidor) y volver a revisar mis “famosas” carpetas de estrenos de cine.

Una de las características que me define como fanático cuasi obsesionado del cine es que desde mediados del 2007 colecciono los afiches y fichas técnicas de todas las películas que se estrenan en cine en nuestro país. Semana tras semana compro dos diarios y realizo el ritual de cortar y pegar en unos biblioratos foliados. Si, ya sé que es el pedo porque puedo fijarme en internet, ya sé que parece una actividad de jubilado desquiciado, pero me gusta hacerlo y se acabó.

Cada tanto releo estas carpeta y me regodeo en mi locura ( o pelotudez, como gusten). Todo esto viene a colación de que había una película, un afiche, que siempre me llamó la atención; talvez por lo paupérrimo de la realización de la imagen, que se yo, pero Click! (2003) era la película que decía “un día tengo que verla”. Bueno, la cos es que hace unos meses INCAATV me dio el ¿gusto? y al fin pude quitarme las ganas... el resultado era el esperado, la película era tan paupérrima como el afiche, e igual de bizarra.

Este es el afiche que tengo en mi Carpeta de estrenos, no encontré otra cosa en internet. Nótese lo pedorro del humo saliendo de las cabezas


Este film realizado en el año 2001 y dirigido por el “debutante” Ricardo Berreta (¿eufemismo en el apellido?) nos cuenta la historia de dos parejas, por un lado Martín y Graciela (Sergio Lumbardini y Mara Bestelli), un empleado bancario ahora desempleado y una psicóloga que busca desesperadamente tener un hijo (ella, él no quiere saber nada). Estos dos hace años se cruzaron en Villa Gesell con Lucía y Eduardo (Silvina Bosco y Claudio Giudice) una pareja “más liberal”, sin compromisos. El enredo se da porque de ese fugaz encuentro nació Paco, fruto de la “pasión” entre Martín y Lucía. Ahora, años después, vuelven a cruzarse y Lucía quiere revelarle su secreto al padre de su hijo, en fin...

Esta Click! (que nada tiene que ver con la homónima de Adam Sandler) intenta ser una suerte de comedia posmoderna, disparatada, desprejuiciada, hilarante, pero la verdad es que se queda a mitad de camino (o más bien el punto de largada) de todo.

Ya la soporífera Una maldita costilla (1999) había sido un pedorro intento por emular las mejores y originales comedias de Pedro Almodóvar; pero aún así, la película de Jusid tenía más comicidad (aunque sea involutaria por la ridiculez del asunto). Acá directamente asistimos a un poco más de hora y media de gente gritando hasta para pedir pedir permiso para ir al baño; personajes irreales y esquematizados en un asunto tan menor que no lo amerita; y una puesta en escena, buen más adelante hablamos de eso.

Berreta, que también intervino en el guión, intenta hacer una comedia desbordada, deliberadamente exagerada, chispeante (lo que no estaría nada mal), pero lo que lo logró es un simil de telecomedia. El enredo es típico de esas comedias arto livianas que nos tienen más de un año con un simple problema de exámenes de ADN; los personajes tambiénm parecen salidos del mismo ámbito, todos parecen exaltados por lo que sea, tiran frases que se pretenden graciosas una tras otra y crean una intriga en donde no la hay... pero el problema es que, en donde allá hay un espacio de más de 100 capítulos, acá todo está apretado, las situaciones son apuradas y todo pasa rápido, los personajes corren como si se les fuese a hervir la leche... y lo peor es que el asunto no lo amerita.

Pero hasta acá la cosa no sería tan bizarra o extraña como para incorporarla a esta sección; y ahora sí, vamos a hablar de la puesta en escena, la estética. ¿Se acuerdan cuando éramos chicos y las nenas jugaban con los PinyPon y los varones con los Playmobil? Bueno, aparentemente no nos dimos cuenta, y Click! Parece que es la película en acción real de estos muñequitos. Los ambientes son de plástico, los colores saturados y brillosos, predominan los colores fluo, hasta hay formas redondeadas!!!... y el vestuario va más o menos por el mismo lado, sacos enormes, sombreros de paja, vestidos florados. Todo esto le quita naturalidad a la historia y vuelve muy, muy irreal. Ni siquiera pasa por un grotesco, no podríamos decir que es un film que atrasa – término que no comparto como meramente negativo per se - , nunca se vio algo así... por lo menos hasta ¿De quién es el portaligas? (2007), y aún la obra de Fito es más inspirada u original.
El tema es que este mundo plastificado no crea ni siquiera risas involuntarias, porque el guión carece de todo gracia, los diálogos son vacíos y sin sentido; creando en el espectador una verdadera sensación de desubicación, desconcertación.

Otro punto realmente extraño son puntuales escenas de sexo o desnudez, o diálogos que parecieran tocar el tema con una picardía de nene de 11, metidas con fórceps, sin ninguna razón, y realmente anti-eróticas.

Las interpretaciones son esquemáticas, pero no se debe tanto al grupo actoral (que además cuenta en los secundarios con algunas otras caras conocidas de la TV), sino al poco espacio que tienen. Todos sobreactúan, repiten los paralamentos como entendiendo que lo que dicen no tiene ningún sentido, y además el espíritu de sketch de programa cómico poco ayuda. Al que peor suerte le toco es a Claudio Giúdice, el ¿recordado? Actor de El Palacio de la risa con Antonio Gasalla, está librado al azar con un personaje histriónico, insoportable, una suerte de bon vivant estúpido, como si al actor no le hubiesen dado mayor indicación que repetir lo que hacia en televisión... hace 10 años. Realmente irritante.

En definitiva, puedo decir que vi Click!, me saqué las ganas, y aunque el resultado fue de aburrimiento y exasperación, puedo decir que logre ver una de las películas más extrañas que recuerde, una comedia que no es comedia, un peso dramático que pierde por liviandad, casi una película que no es película. Imposible describir la sensación de verla.


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miércoles, 1 de agosto de 2012

BANDAS SONORAS GLORIOSAS: Fantasía


Para este martes de soundtracks de películas espectaculares elegí escribir sobre el que, a mi parecer, es el mejor film musical de la historia del cine, Fantasía (1940).




Este clásico de la animación es el tercero realizado por el estudio del tío Walt, y en su momento fue uno de los proyectos más ambiciosos de la historia cinematográfica.
Si bien tuvo un estreno limitado en 1940, su “gran” estreno fue dos años después en 1942, período en la que se la continuó perfeccionando.
En verdad la producción de esta maravilla data de 1937, al mismo tiempo en que se estrenaba Blancanieves y los Siete Enanitos (Snow White and the seven dwarfs) el primer largo de Disney.
El creador del mega-estudio quería lograr una superproducción que capturar tanto la atención de los niños como del público adulto logrando una obra artística superior a todo lo antes visto, o sea, las ambiciones puestas eran inmensas. Tres años después, y luego de mucho empeño y varias complicaciones, el resultado fue adorado por todos quienes la vieron... pero resultó un fracaso en la taquilla tan grande que hizo tambalear a la empresa. Con el tiempo obtuvo su merecido reconocimiento y hoy en día es considerado una verdadera obra maestra y uno de los mejores films animados.

Fantasía consta de siete cortos o secuencias que podríamos llamar experimentales o netamente artísticos. Ninguno contiene diálogos y todos avanzan al ritmo de ocho piezas operísticas magistrales; logrando una sinergia perfecta entre lo que se ve y lo que se oye.

Como esta es una reseña de bandas sonoras podríamos decir que una buena de forma de apreciar esta obra es cerrando los ojos y dejándose llevar por la música... pero la verdad es que sería injusto con lo maravilloso del embelesamiento visual logrado en la animación.

En un comienzo, un narrador nos introduce en el mundo de la música clásica aclarando que existen tres estilos en este género, música narrativa (la que cuenta una historia), ilustrativa (la que se complementa con imágenes), y absoluta (que se aprecia por sí misma); y así, entramos a las “historias”.

Primero Tocata y fuga en Re Menor; la Orquesta de Filadelfia guiada por Leopold Stokowski va tocando la armoniosa melodía de Bach, los fondos van cambiando hipnóticamente de color, de pronto todo se funde con el cielo y comienzan a aparecer distintas figuras, siempre siguiendo el ritmo, inspiradas en la obra del artista plástico Oskar Fischinger; en un momento todo se llena y pareciéramos asistir al mejor espectáculo de aguas danzantes.



Luego volvemos a la Orquesta y comienza El Cascanueces, inspirado en el clásico ballet de Tchaïcovski del cual se representan distintos fragmentos, obviamente de manera animada.
El corto es una evocación bellísima y muy delicada del cambio de estaciones durante el año, todo centrado en un bosque donde diferentes seres mitológicos o mágicos realizan su tarea para que llegue la nueva temporada y las flores puedan danzar... o sucumban ante el otoño y el invierno.



El tercer corto es, sin duda alguna, el más famoso de la película y que se transformó en un emblema no solo del film, sino del personaje y de la productora, El aprendiz de brujo (que hasta tuvo una cosa que anunciaron como adaptación con Nic Cage, Mónica Bellucci, y Jay Baruchel).
Mickey “se roba” el gorro de un brujo del cual es su aprendiz (o más bien sirviente); intenta hacer un conjuro para alivianar su labor, pero le sale mal y tanto las escobas como los baldes de agua cobran vida creando un quilombo padre (no hay otra mannera de decirlo). Todo esto bajo la música homónima de Paul Dukas. Sin dudas es el corto más ameno para los que no están acostumbrados a lo operístico, y es el que cuenta las historia de manera más tradicional; pero a mi gusto no es de los más bellos, igual le alcanza para ser de una máxima excelencia.



Talvez El aprendiz de brujo no me parezca lo mejor de Fantasía porque el que lo continúa sí lo es. La Consagración de la Primavera nos cuenta, al ritmo de la obra homónima de Igor Stravinski, lisa y llanamente la creación del universo y el nacimiento y posterior extinción de los dinosaurios. Explicar lo que esta secuencia produce a los ojos del espectador es simplemente imposible, hay que verlo. Explosiones, estrellas, supernovas, dinosaurios creciendo y enfrentándose, y el Apocalipsis de la especie. Simplemente grandioso.



Entre el bloque cuarto y el quinto un intervalo nos explica la imagen del sonido, con cuerdas moviéndose ante determinados sonidos.

El quinto corto es denominado La sexta sinfonía, y obviamente hace referencia a la sinfonía de Beethoven, la Sinfonía Pastoral. La animación gira entorno a la mitología romana presentando distintos seres en diferentes situaciones entre delicadas y graciosas.



El sexto es otro de los cortos más recordados de la película, el de los hipopótamos bailando ballet. Es la Danza de las horas, una adaptación de La Gioconda de  Ponchielli. Si bien los hipopótamos son los más recordados, el corto nos muestra una serie de animales selváticos bailando al ritmo clásico, creando varios infortunios graciosos.



Por último, Una noche en el Monte Pelado sobre el homónimo de  Moussorgski con la historia del demonio Chernobog surgiendo de las colinas y uniéndose a otros seres para la noche del Walpurgis (festividad nórdica similar a lo que conocemos como Noche de brujas); después de La consagración... este es definitivamente mi segundo preferido, hipnótico, caótico, indescriptible.

Todo se cierra con Ave María de Schubert en el cual al caos del corto anterior le sigue la calma de un fuego contínuo que nos introduce dentro del bosque; las luces se apagan y la Orquesta finaliza. Fin de la función.



Fantasía es de las obras más bellas que ha entregado el cine en general, talvez su ritmo pueda parecer algo lento o aburrido para los no acostumbrados, pero nadie puede negar la potencia de las imágenes unidas a un sonido realmente espectacular.

Si bien en su momento fue un fracaso, esto no impidió que Walt Disney no continuara con el legado dejado; y a Fantasía le siguieron otros films de temática similar como Saludos amigos (1942), Música Maestro (Make Mine Music, 1946), Tiempo de melodía (Melody Time, 1948) o el muy ambicioso corto Destino con colaboración de Salvador Dalí y que se vio trunco durante muchos años hasta estrenarse recién en el nuevo siglo (2003). Además de esa suerte de secuela (idéntica en espectacularidad) llamada Fantasía 2000 (1999).

Si esta sección está dedicada a grandes bandas sonoras, Fantasía no podía faltar, un lugar obligado. Este clásico de Disney es una invitación al disfrute por partida doble, imágenes soñadas y música regocijante, un programa como ningún otro.
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