domingo, 18 de julio de 2010

Ese amigo del alma


¡¡¡¡ADVERTENCIA!!!! ESTA RESEÑA CONTIENE SPOILERS, SOPA FRÍA, ADELANTOS... O COMO QUIERAN LLAMARLO SOBRE TOY STORY 3



A pedido del público, bah, de una amiga en Facebook (Julia tus deseos son órdenes) aquí va una reseña completa y especial para Toy Story 3; ahora si, me voy a dar el lujo de contar algunos detalles y dejarles algunas preguntas para aquellos que la vieron (para así complacer a otro lector asiduo, mi hermano). Así que para los que no vieron la advertencia arriba y no vieron la peli, paren de leer esto ahora... salvo que quieran saber cómo termina.



Hecha la salvedad, bienvenidos aquellos que ya vieron esta maravilla. Antes de empezar, hagamos un recuento de cómo venía la historia hasta aquí: Todo se trata de los juguetes de un niño llamado Andy que vive en los suburbios, juguetes que cobran vida cuando ningún humano los ve. En la primer entrega, tenemos un cumpleaños en el que todos vigilan cuál será el juguete nuevo, en especial su favorito “Woody” un vaquero de apariencia añeja. Es así como llega Buzz Lightyear un astronauta, sensación de la TV y el merchandising, con la nueva tecnología... y que pronto se transformará en el nuevo favorito; ah, y además no sabe que es un juguete. Los celos de Woody haran que ambos se extravíen camino a una pizzería, y así deberán regresar a casa, aprendiendo el valor de la amistad y la cooperación, sobre todo cuando caigan en manos de Sid, vecino de Andy y destructor de muñecos. Al final todos regresarán, Woody comprenderá que puede compartir su título de favorito, Buzz que es más importante ser un juguete que alegra a su dueño que ser un guardian del espacio, y ambos descubrirán que tienen un nuevo mejor amigo.


Segunda parte, no hay salto temporal notable, comienza con una venta de garage en la que temen que algún muñeco desaparezca. Tratando de rescatar a un pingüino con rechinador, Woody caerá entre los objetos a vender y en las manos de un coleccionista dueño de una juguetería. Una vez en el departamento de este “hombre pollo”, y mientras sus amigos emprenden el rescate, el vaquero descubrirá que forma parte de una serie de TV con marionetas, de culto, y que junto con otros muñecos de la misma serie irá a parar a un museo en Japón ¿Es esto malo? Si. Egolatría, sentimiento de perdida, abandono, el valor de la amistad, y al final saber cuál es el verdadero destino de un juguete, ser amado por un dueño, un niño; así Woody y los suyos (los de la serie) decidiran escaparse y regresar con Andy, por lo menos hasta que crezca y los olvide, un destino que se descubre inevitable.


Así llegamos a la tercera entrega (los que quieran más sobre las anteriores vayan a la reseña del mes anterior), luego de un prólogo sobre el paso del tiempo desde la segunda entrega hasta aquí, vemos como Andy parte para la universidad, hace rato que ya no juega con los muñecos, y estos, en una memorable escena, hacen todo lo posible por que este los agarre y juegue con ellos aunque sea una vez más... no lo logran. La madre del niño lo amenaza, debe decidir qué hacer con sus antiguos juguetes, si los guarda en un altillo, se lleva alguno con él a la universidad como objeto de adorno, o los tira a la basura... o los dona a una guardería. Andy se decide por el altillo, pero confusión mediante, van a parar a la basura, y de ahí a Sunnyside, la guardería.


Una vez allí, y deprimidos por pensar que su dueño los tiró a la basura, descubrirán un lugar en apariencia perfecto, lleno de otros juguetes, y en donde todos los día decenas de niños jugarán con ellos... todo esto hasta que descubran que el “capanga” de la guardería, un oso que huele a frutas, les ha asignado el sector pre-escolar en donde los niños no saben cuidar a los juguetes, infierno.


Intentando volver con Andy, Woody emprenderá una aventura aparte, en la que terminará en casa de otra niña, Bonnie, alguien que ama tanto a sus juguetes como su otrora dueño... pero debe volver con él, y de paso rescatar a sus amigos.


De este modo, la historia nos permite conocer montones de personajes nuevos, los de Sunnyside, y los de Bonnie, y si algo se le puede reprochar a este film es que tanto exceso de personaje, no permite que algunos se desarrollen como quisiéramos y sólo se les de un vistazo.


A lo lago de su historia (15 años desde la primer Toy Story, y varios más antes del primer largometraje), Pixar ha ido no solo mejorando sus films en cuanto a la animación, sino que ha ido desarrollando cada vez tramas más complejas, con cada vez más capas narrativas y emocionales, y la saga en cuestión es un claro ejemplo. La historia del primer film es simple (lo que no quiere decir que sea inferior a sus secuelas, a esta altura ya las veo como un todo inseparables... como Star Wars, Volver al Futuro, Indiana Jones, o El Señor de los anillos), se presenta el conflicto del juguete nuevo, y de ahí se desprenden todos los incovenientes y emociones del film. Y sin dudas, este tercer film es el de trama más compleja (lo que no quiere decir mejor, si las pudiese separar diría que me quedo con el segundo), hay varias situaciones, hechos contados paralelamente; y si bien eso lleva al problema de exceso de personajes y falta de desarrollo en algunos, también es el que le otorga la mayor cantidad de aventuras, casi como una montaña rusa... pero con sentido, con historia.


También es el film más melancólico de la saga ¿Y de Pixar?, y aquí viene la primer pregunta. Desde la primer escena en el altillo con la llamada al celular, pasando por varios momentos de reflexion, hasta el momento en que Andy entrega los muñecos a Bonnie y les relata la historia de cada uno, el film puede tender a ciertos momentos... digamos sentimentales (bueno, sí, se me cayeron unas cuantas lágrimas ¿y qué?... hay quienes lloran cuando Di Caprio muere en el agua y eso es algo que se sabe que sucederá desde el minuto uno de Titanic), pero a mi parecer no son golpes bajos (entendiéndose como poner toda la carne al asador para presionar ese punto que más nos duele), sino escenas inevitables y manejadas con maestría y delicadeza... digamos que por lo menos no hay coro sinfónico durante esas escenas. Desde la primer película se venía perfilando este sentido en la historia, y ya en una tercera parte (realizada diez años después de su antecesora) se hacía imposible no contar qué sucedería cuando Andy crezca; por lo tanto me parece bastante lógico el tratamiento que se le ha dado al tema, nos entrega la emoción que todos (o al parecer casi todos) estábamos esperando desde el principio. Supongo que pensar si son golpes bajos o no, es cuestión de opinión particular de cada uno.


Después de todo, creo que prefiero algunos momentos sentimentaloides en vez de una historia que se mofa de todo, hasta de los sentimientos como si fuesen una cosa para chiquillos... como ya dije, creo que algunos se burlan de los que hacen las cosas mejor que ellos ¿envidia?.


Por otro lado, y la discusión más importante, está el final. En un principio Andy decide llevarse a Woody a la universidad, como adorno, amuleto, y el resto ponerlos en el altillo a la espera de ¿cuándo Andy tenga hijos propios?. Más tarde, Woody, habiendo pasado momentos de amor como hace rato no vivía, en casa de Bonnie, hace una jugarreta para que su dueño decida llevarle los juguetes (inclusive él) a esta niña, digamos se despide de su niñez ¿O ya se había despedido de ella cuando dejó de jugar con ellos?; y así comienzan una nueva vida al lado de una niña que los querrá como antes lo hizo Andy.


A mi me encantó, el cierre perfecto, con las palabras finales de Andy dándola la nostalgia necesaria al asunto. El tema es que mi hermano hubiese preferido que Andy conservara los juguetes, ya que, dice, los juguetes pertenecen a él, lo quieren a él como dueño, y no ve kla necesidad de resignar a ellos, ve como si Pixar se hubiese vendido ante un convencionalismo; los juguetes deberían aguardar en el altillo hasta que Andy los rescate para dárselos a su/s hijo/s, cómo un sentido de permanencia... o haberle encontrado un giro a la trama que hiciese que Andy todavía esté con sus muñecos, como por ejemplo que sea coleccionista, diseñador de juguetes, director de films experimentales en stop motion – vamos, ¿quién no quisiera ver una película sobre el malvado Dr. Tocino? -, o vaya uno a saber qué (los creativos son los de Pixar, no el espectador). Hasta lo compara con una pelí animada ochentosa (bueno es de 1990 pero que va) Las aventuras de Tosti, el tostadorcito valiente (no se admiten risas, seguro que todos la recuerdan) en la que varios electrodomésticos extraviados encabezados por no saben qué, van en busca de su amo que los abandonó. Mi respuesta esto es ¿Es lo mismo un electrodoméstico – por más simpático que parezca – que un juguete? ¿No nos habian dicho en la primera, y segunda parte de Toy Story que los juguetes estaban hechos para divertir a los niños, para que los niños los amen y jueguen con él? ¿No es lo que Woody le dice a Jesee cuando ella se siente abandonada por Emily, sino con ese pretexto la vaquerita no debería haberse ido con Andy, sino buscar a su dueña pese al rechazo que esta había demostrado al dejarla en un campo? Yo ya esgrimí todos estos argumentos, y no lo puedo convencer... no sé cuál es la opinión de ustedes, lectores.


Por último otra discusión, y aleatoria a la anterior, es la ausencia de varios muñecos de las dos primeras entregas, ya sea Betty la pastora, la pantalla táctil, o el auto a control remoto... claro que esto está explicado en que durante años, la mamá de Andy fue regalando algunos muñecos, o se fueron extraviando, cosa lógica, sobre todo en pos de lo que quiere mostrar la historia ¿O no? Ahí ya ni yo estoy tan convencido.


En definitiva esta tercera entrega vuelve a tratar los temas que ya fueron tocados anteriormente, la amistad, el sentimiento de abandono, el crecimiento, y por qué no, el sentido de la vida... de los juguetes. Y lo vuelve a hacer con la majestuosidad de las anteriores, y a la que Pixar nos tiene ya más que acostumbrado.


Como ya lo había señalado cuando el año pasado escribí sobre Up, sus historias no son simplemente relatos de dibujitos, van mucho más allá, y uno se las puede imaginar perfectamente como films de personas. Pixar demuestra que film de animación no quiere decir film menor. Otra persona, me ha señalado que tanto alabar a Pixar y criticar a Dreamworks demuestra que estoy centrado en la animación hollywoodense. La cuestión es que sí miro bastante animación llamémosla “independiente”, internacional, y hay cosas mucho más artísticas que Pixar, verdaderas obras de arte, ensoñaciones de la vista, tramas aún más complejas que un film tradicional... pero nunca vi que una trama se asemejara anto a la realidad, a los sentimientos humanos como lo hace Lassetter y compañía.


En cuanto a la animación estrictamente hablando, ya ha alcanzado un punto que parece inmejorable (aunque uno nunca sabe), sino díganme si Lotso no parece un oso de felpa en serio, o si el bebote no es como el que cualquier niña tuvo. Y la posibilidad de verla en 3D nos entrega la profundidad de escena y textura, más que el simple hecho de arrojarnos cosas a la cara, casi, casi, como si estuviésemos en una obra de teatro. Como ya lo había señalado antes, Pixar logró instalar otra película dentro de la lista de mis preferidas, y parece que szu genio no se agotara nunca.


Otro tema es el corto del comienzo, el que antecede a cada film de Pixar, en este caso Día y noche, en este caso una obra maestra... ba, como todos (o casi todos) esos cortos. En este caso nos cuenta la historia de dos personajes (muy similares al viejito de La pantera rosa o el de la propaganda de cotonetes), blancos, pero que en su interior uno nos muestra el día, y el otro la noche, como sentidos opuestos, como contraposición... hasta que llega el amanecer y ambos se encuentran en el mismo punto, y luego cada uno experimenta lo que vivió el otro; todo con un perfecto sentido de lirismo. Brillante.
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miércoles, 7 de julio de 2010

La Comedia se hace de a dos





Antes de empezar con el tema principal de esta reseña, quiero dedicarle unas líneas al tema del mes anterior, debo decir que he agregado un nuevo ítem en mi lista de películas favoritas, Toy Story 3 es una nueva comprobación de que Pixar es por lejos el mejor estudio de animación, y que esta saga es lo mejor de su producción. Otra vez el tema del abandono, de la soledad (si, es cierto, con un poco más de melancolía que las anteriores pero sin caer en golpes bajos), del valor de la amistad, de estar unidos hasta las últimas consecuencias; y mechados con un trepidante y excelente clima de aventuras... y para qué hablar de los personajes, los que ya estaban se enriquecieron, y hay una amplia variedad de personajes nuevos llenos de capas riquísimas. Si algún otro film (no solo de animación) logra igualar los primeros 10 minutos, y la secuencia que sigue, en el baúl del altillo, seguimos hablando (superior en emoción al comienzo de Up, y eso ya es decir muuucho).



Es verdad, Pixar es el único capáz de lograr que al minuto de empezado el film nos olvidemos que se trata de “una de dibujitos”, un gran film hecho y derecho (aunque mi hermano le achaque algo al final de la historia... claro que aquí no lo voy a comentar).



Párrafo aparte para el corto Día y Noche que antecede a la proyección, dos palabras, Obra Maestra.





Pero este mes el tema es otro, No puedo dejar de ver cine cumple 1 año de su primera publicación, y para festejar que mejor que la risa, y para risa que mejor que una comedia, y para comedia que mejor que hablar del DÚO cómico por excelencia; si, este número se lo dedico a Olmedo y Porcel.



Si bien ya habían estrenado películas juntos y por separado, las llamadas “películas del dúo” comienzan en el ’73 con Los Caballeros de la cama redonda (si bien aquí el dúo está acompañado en igual nivel protagónico por Tristán y Chico Novarro), y se afianzaría ese mismo año con Los doctores las prefieren desnudas.



No sé ustedes, pero ya el hecho de ver el anuncio y escuchar la musiquita clásica de la productora Aries me llena de emoción, y hasta cuando veo alguna de la misma sin que sea de ellos, siento como una desilusión.



Muchos dicen que estas películas no tienen punto de comparación con sus labores en los programas de televisión, que en ellos se los veía más frescos, espontáneos, menos atados a un guión; pero yo no veo la diferencia, las tramas de estas películas eran las simples excusas perfectas para que estos dos genios desplegaran todas sus armas de humor.



La fórmula era clásica, Alberto era (o pretendía/decía ser) el gran ganador, el que no perdonaba a la que se le pusiera adelante; y Jorge era el amigo compinche, un tanto más tímido, varias veces subestimado por su amigo, eso sí, ambos eran los reyes de la noche. Nadie tenía tantas anécdotas vividas durante largos momentos de farra (muchas veces momentos patéticos como ser embaucados por sus respectivas amantes, pero que ellos contaban como grandes hazañas); pero en esta hora y media, los íbamos a ver fracasar en el intento una y otra vez.



Al fin y al cabo todo se trataba de conquistar mujeres, de una competencia de conquistas, de poder alcanzar eso que sabían que no podían tener. Y la mujer como simple objeto del deseo, sin más pretensiones que esas; y aquella que tenía más pretensiones era una rayada; y el público no las tildaba de misoginia, cosa que no quiere decir que esté bien (así como también había mucha homofobia), pero así era la época. El hombre, aún muy poco agraciado, con labia podía conquistar sexualmente a la mujer que quisiera, que caería rendida a sus pies en un psicodélico frenesí; eso sí, sólo se trataba de sexo, ni hablar de sentar cabeza.



Y si hablamos de mujeres, la primer dupla femenina afianzada fue la de Ethel y Gogó Rojo, sin duda en total segundo plano respecto a los capocómicos, primero como esposas en Hay que romper la rutina, y un año después como objeto de infidelidad frustrada en Maridos en vacaciones; salvo alguna frase suelta, jugando a una extrema inocencia, la cuestión humorística era 100% de la pareja masculina. Es en estas dos películas donde mejor queda retratado el tema social de la frustración sexual, el hombre aburrido de la cotidianeidad que sale a buscar en el afuera (en el afuera del matrimonio) un escape, que lo haga sentir soltero otra vez, libre, sin ninguna atadura marital, ni laboral. La impotencia en su mayor expresión.



Luego llegaría la etapa del dúo femenino que les haría frente, en más de un sentido, el más recordado, la eterna disputa entre la rubia y la morocha pero vista desde la mirada del hombre, Moria y Susana, Susana y Moria... para que no haya problemas de cartel.



Lo primero que llama la atención, como dije, son los títulos, el cartel, los cuatro juntos a la misma vez, como para dejar en claro que no había protagonismos absolutos; y después las innumerables tomas (que a la vista del espectador hasta quedan descentradas) en donde se los incluía a los cuatro a la vez, todo apretado para que nadie quedase fuera de escena.



Y es con ellas con las que, para mí, hacen el trío de comedias insuperables, Expertos en pinchazos (esta con Moria sola), A los cirujanos se les va la mano, y Las mujeres son cosa de guapos. Es verdad que hay películas anteriores en las que trabajaron juntos, como Los hombres sólo piensan en eso (Olmedo, Porcel, y Giménez), El gordo Catátrofe y Te rompo el rating (Jorge y Moria), Amante para dos (Olmedo y Casán), y Mi novia el..., Basta de mujeres, y El rey de los exhortos – tal vez la de mejor argumento - (Alberto y Susana), pero estas tres ocupan un podio, el dúo explota al máximo su comicidad, las mujeres no se quedan atrás y tienen sus muy buenos momentos (a decir verdad, estas dos los tienen en todas las películas), y las frases más recordadas, aquellas que repito una y otra vez y que ya forman parte de mi vocabulario, pertenecen a ellas.



Después están el resto, en mayor o menor medida, más o menos logradas, películas de Porcel solo con un tono más inocente (que no por eso las hacía más flojas, tienen grandes momentos), Olmedo sólo con un toque más romántico (grandes películas las tres con Susana Giménez, no tanto otras como la co-producción con España Mi mujer no es mi señora o Susana – Traverso - quiere, el negro también! – película que ya es hora que alguien le reconozca ser el original que se plagió en Mujer Bonita, es igual pero más graciosa - ), y las dos de Olmedo con Tato Bores en un tono de comedia muy bueno, pero distinto al que se hacía con Porcel.



Después llegamos a principios/mediados de los ’80 en los que la dupla cayó en manos de Enrique Carreras... pero de eso me ocupo más adelante. Por suerte Olmedo pudo recuperarse a último momento de la mano de Sofovich con la sátira El manosanta está cargado, Porcel no tuvo la misma suerte.



Como dije, se les pueden achacar millones de cosas, eran misóginos, homofóbicos, se burlaban de las personas más serias, las películas estaban mal filmadas, los guiones eran incoherentes y resueltos de una manera antojadiza, las actuaciones tal vez no merecerían ningún premio (aunque eso habría que reveerse); pero cumplían con su cometido, son comedias, y yo las miro y no paro de reirme, tratan temas bien nuestros, imposibles de reproducirse en filmografías de otros países (lo más parecido, tal vez sea el genial Fantozzi italiano, pero en otro nivel, y en definitiva con otros temas); sin dudas son LAS comedias argentinas.



Después de todo, quién no soñó alguna vez con pasar, aunque sea una noche, en la piel de estos adorables perdedores. Sólo me queda por decirles gracias por tan buenos momentos.







El fiasco de turno





Durante su larga trayectoria cinematográfica, el dúo cómico de olmedo y Porcel logró imponer su impronta ante distintos directores, ya sea Hugo Sofovich (para mi, el mejor, el que mejor les sacó el jugo), su hermano Gerardo, Hugo Moser, o Enrique Cahen Salaverry; y así siempre salieron bien parados, con comedias geniales como las que nombre arriba. Pero en su última etapa, un director lograría doblegarlos, conseguiría lo impensable, uno creía que este dúo no podía perder su gracia, bueno Enrique Carreras lo logró.



Carreras ya era un director experimentado en filmar “comedias” (nótense las comillas) que no pasaban de un insufrible momento ñoño, historias que al minuto de arrancadas no veíamos la hora de llegar al ansiado cartel de FIN. Partiendo de que era el único que pensaba que su mujer, Mercedes Carreras, actuaba tan bién que merecía aparecer en todas sus películas, y con Olmedo y Porcel doblaría la apuesta presentándonos a sus insufribles tres hijas.



Uno no sabe si echarle la culpa a Carreras, o a quienes escribén los pobrísimos guiones, entre los que se encuentra Juan Carlos Mesa, alguien que ha sabido escribir cosas infinitamente superiores a estas películas, por lo tanto, para mi la culpa del algún modo la tiene este director que ya venía de filmar este tipo de mamarrachos.



Si en las películas anteriores el tema era dos tipos que se creían piolas e intentaban infructuosamente levantarse cuanta mujer se les cruzase; acá la cuestión era mostrarlos como dos tarambanas bonachones que se veían envueltos en situaciones sin ningún sentido (como estar en un liceo con alumnos de 40 a 60 años, o ídem colimba); y encima si antes todo era una excusa para que ellos desplegarán sus mejores gags, ahora ellos eran una excusa para mostrar una interminable catarata de intrascendentes números musicales; si hasta parecía que estaban al servicio de otros cómicos como Sapag, Gioia, Troiani, o Hugo Varela.



ES increíble cómo se puede pasar de hacer un año Las mujeres son cosa de guapos (probablemente la mejor de sus comedias), a realizar el año siguiente Los fierecillos indomables (probablemente su peor película... no, no, ese lugar lo ocupa sin discusión Sálvese quien pueda).



Todo lo bueno que tenían sus películas, aquí parecía haberse extinguido, la picardía fue reemplazada por un tono ATP, pero Porcel ya había filmado varias del mismo estilo pero con muchísimo mejor resultado. Las mujeres, que siempre fueron un punto fuerte, aquí ya no ocupaban un segundo plano, sino un cuarto, quinto, no veríamos un hombro o una rodilla ni por joda; y a lo último cuando Carreras quiso hacer su picaresca con Atracción Peculiar demostró que mejor seguía haciendo lo que venía haciendo.



Pero volvamos al punto principal de estas películas, lo que las hacía más irritables (y no me refiero a Sapag y su imitación archiconocida de Dante Caputo), lo que hace que cada vez que las vea en su repetición (porque encima estas son las únicas que repiten) quiera romper la televisión.¿Por qué dije antes que Sálvese quien pueda es la peor de todas las películas (y a esta altura creo que me engrané y ya no me refiero sólo a las de Olmedo y Porcel)? No sólo porque los dos “protagonistas” (nótese otra vez las comillas) casi no se cruzan en toda la historia, sino porque el verdadero protagonismo recae en María, Marisa, y Victoria (a quien antes se la conocía como “Chispita” ¿Será por el de Meteoro?) Carreras, los tres seres más insufribles que ha conocido la cinematografía argentina, en esta oportunidad como tres supuestas niñas (aunque hay algunas que ahí ya peinaban canas) que le hacen la vida imposible a Olmedo el nuevo novio de mamá Beatriz Bonnet. Describir la situación me resulta imposible, es como Mi pobre Angelito pero con mujeres que pasaron sus veinte y actúan como de cinco. Aquí el premio se lo lleva Victoria, la más joven, la que siempre hacía de adolescente “rebelde” con frases como “es un Buenudo, mitad bueno, mitad... boluble” más irritante que pasarse una cebolla por los ojos. Después la tenemos a María haciendo de sobrina paisana/paraguaya en El profesor Punk, o a María y Marisa en la peor



Simulación de risa de todos los tiempos (algo así como agarrarse la panza y retorcerse de arriba para abajo) en Los extraterrestres, simplemente imperdonable.



Es increíble como un sus once películas con el dúo, Carreras no logra sacarnos ni una sonrisa, salvo alguna de desesperación. Dentro de lo más rescatable encontramos Los reyes del sablazo, por el simple hecho de ser la adaptación de una come teatral clásica con los chistes clásicos de la obra y no mucho más; y el estilo Kitsch de Los extraterrestres (después de todo el alien de Las locuras del extraterrestre era más berreta).

Lo lamentable, es que sea por la causa que fuese (la muerte trágica de uno, el fin de una era o la depresión para otro), este dúo terminó su carrera filmando este tipo de películas, en las que sí, se los veía obligados a decir parlamentos que se sabían sin gracia. Y más aún, que estas películas terminaron opacando a las anteriores, y cuando muchos se refieren a que las películas de Olmedo y Porcel no son tan buenas como los sketchs televisivos en verdad se estan refiriendo a estas, las que repiten una y otra vez en la tarde de un domingo; de las otras, las geniales, cada vez van quedando menos rastros, una lástima.
No se olviden de pasar por la encuesta al costado!!!!!!!!
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domingo, 27 de junio de 2010

En Julio se celebra




Este mes sobran los motivos para festejar, en lo personal la celebración es doble, por un lado estrené los 27 años, por otro me acabo de recibir como abogado (¿Cuántas posibilidades hay de que en un blog de cine se haga este comentario?)... pero lo más importante, lo que los incluye a ustedes, mis fieles lectores, es que hace un año nacía este sitio. Sí, No puedo dejar de ver cine cumple 1 año de vida, y como todo ser de 1 año, aún está en formación, por eso este cambio en el diseño y en el formato, lo que incluye nuevas aplicaciones (en la próxima entrega, no se impacienten).
Cuando empecé con este proyecto, fue un poco para despuntar el hobbie de hacer reseñas de películas, cosa que me encanta; pero principalmente para poder compartir mi pasión con otras personas, poder contar mis vivencias como fanático del cine a todo aquel que le pueda interesar y se sienta identificado; y si bien este no es de los blogs más visitados (ah, otro festejo es que en junio superamos las 1000 visitas), siento que ese deseo ya empezó a cumplirse, cada vez que recibo mensajes o correos sobre algún comentario hecho en estas líneas. Por eso, siento que este cumpleaños es de ustedes, los que deciden leer mis entradas, porque son los que me dieron ánimo para seguir escribiendo mes a mes, pese a las muchísimas dificultades que tuve para hacerlo. Ahora, ya no tendré los aprietos del estudio que dificulten la salida a tiempo; pero también empieza otra etapa, y Dios quiera que otras obligaciones, es por eso que mantengo lo dicho en mi primer entrada, no prometo regularidad, pero sí que siempre estaré ahí esperando cada principio de mes, o cuando pueda, para poder compartir algo nuevo. FELICITACIONES.

P.D.: Atenti, la foto del perfil va creciendo con el blog; y la de arriba, es un cumpleaños mio, no es lo que parece...
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sábado, 12 de junio de 2010

Francia y los juguetes animados





En este blog, que ya se está transformando en algo así como un foro no oficial de cine francés, voy a comenzar diciendo que finalmente logré ir al cine, después de un largo período de complicaciones a la hora de poder realizar esa actividad (bueno, los que siguen este blog saben de que hablo, y los que no, lean la entrada del mes anterior); ¿y qué fui a ver?, si, más cine francés (sino esta introducción no tendría lógica)... por lo menos amplié mis horizontes y además de una comedia, vi un drama francés.



Las películas en cuestión son Dos en uno, una simpatiquísima comedia con Daniel Auteuil, a la que ya me referí anteriormente, por lo que solo voy a decir que es otro gran acierto de la filmografía de ese país, y específicamente de este versátil actor; si pueden conseguirla en DVD (porque de las salas ya voló) no pierdan la oportunidad.



La segunda, el drama, es El padre de mis hijos, coproducción franco-alemana, uno de esos excelentes films intimistas que solo los europeos saben hacer. Con pequeños detalles nos cuenta la historia de un productor de cine, de otrora éxito, pero ahora caído en la desgracia económica, la cual parece llevar al ineludible final de la productora. Por otro lado, su familia, su esposa y sus tres hijas (con una gran labor infantil de las dos hijas menores). Para algunos, en gran parte de la película no sucederá nada, transcurre con una extrema cotidianeidad, pero es en esos detalles en donde el relato se destaca, en ver cómo este hombre y las relaciones con su entorno lo van llevando a la desesperación, en una historia que no solo se puede aplicar al mundillo del cine, sino a toda esa vorágine del mundo capitalista. Gran dirección, grandes actuaciones, gran relato, excelente.





Pero no es de estas películas que quiero hablar, el título de esta reseña se refiere a la animación, y ciertamente ninguna de estas dos películas son de animación.



Junio de 2010 parece ser un mes importante para mi, no es porque cumplo 27 años, no es porque aparentemente me recibo de abogado (y otra vez la disyuntiva de ¿qué catzo hace un futuro abogado hablando de cine?), sino porque finalmente se estrena la tercera entrega de una mis sagas favoritas (no, Episodio III ya se estrenó hace mucho), me refiero a Toy Story 3, y las ansias por poder finalmente verla en la semana del 17 de junio, me llevan a querer rememorar las dos entregas anteriores.



En 1995, Toy Story, revolucionó el mundo de los largometrajes de animación, siendo el primer film de animación por computadora (o por lo menos así es considerado), con una estética que le otorgaba más realismo que la animación tradicional. Pero, para sorpresa de muchos, no fue eso solo lo revolucionario de este film, sino el relato en si, el qué y cómo se cuenta, lo que abriría una brecha para los considerados films de animación para chicos y adultos (y que luego Dreamworks deformaría con Shrek en films de animación para adultos que, tal vez, disfruten los niños, pero que es más factible que queden excluidos).



Este primer largo de Pixar/Disney nos cuenta la historia de un grupo de juguetes que vive en la casa suburbana de un niño llamado Andy; y particularmente la historia de Woody, un muñeco vaquero (del que claramente se nota es de varios años, aspecto que se desarrollará más en su secuela), el consentido de Andy, el que se lleva para dormir.



Todo comienza el día de cumpleaños del niño, los juguetes montan un complejo operativo para saber cuáles serán los regalos (de hecho, si habrá algún muñeco nuevo), y es ahí cuando aparece Buzz Lightyear, o mejor dicho, el muñeco de Buzz Lightyear, un astronauta sensación de la TV y el merchandising del momento... y que pronto acaparará la atención de Andy, en desmedro de Woody. Ahí está el problema, los celos, pasar de ser el preferido a ser uno más, a volver otra vez a la caja con todos los juguetes; ah, y algo más, Buzz todavía no sabe que es un juguete, se cree el verdadero guardián espacial. Todo esto llevará a una serie de complicaciones y escenas dignas del mejor film de suspenso, que desembocará en ambos juguetes extraviados en el camino, y su largo camino a casa, tratando de no caer en las manos de Sid, el niño destructivo vecino de Andy.



Con una gran gama de perfectos personajes secundarios (el resto de los juguetes), que hasta logran acaparar la atención por sobre los protagonistas – mi preferido es Ham - , una historia contada sin subestimar a ningún espectador (ni a los niños ni a los adultos que encontrarán millones de guiños), y detalles y temáticas que hasta ese momento no se habían presentado en el cine de animación, por lo menos hollywoodense.



Punto aparte para la cuestión técnica, más que sobresaliente, un detalle en las texturas de los personajes y los ambientes que ningún otro film había alcanzado, y que al día de hoy tampoco lo ha hecho (con excepción de su secuela, claro está, y de otra producción que comparte director, Cars).



¿Hace falta decir que es una de mis películas favoritas, y no solo de animación? Pero si bien es de mis preferidas, no es la que más me gusta, ni siquiera en cuanto a cine de animación, porque ese lugar lo ocupa la segunda parte.



Tirando abajo eso de “segundas partes nunca fueron buenas”, Toy Story 2, tercera producción de Pixar – en el medio vino Bichos – es superior a la primera en varios sentidos, y eso que era complicado igualar – ni hablar de superar – la excelencia de la original.



Esta vez, tenemos a todo los juguetes unidos, en nueva casa, con el mismo dueño más crecido, al igual que su hermanita – antes un bebé -, y un perro babeador. Aquí el tema es el paso del tiempo, la madurez de los humanos, que va dejando de lado la adoración por los muñecos. Y así a cosa comienza con una venta de garaje, a la que irán a parar varios juguetes olvidados, y entre ellos, por accidente en pleno plan de rescate, Woody, que caerá en las manos de un ambicioso coleccionista ( o mejor dicho un vendedor de artículos para coleccionistas), también dueño de una juguetería ( a la cual, si prestan atención, en la primera entrega ya se hacía mención).



Entonces, Buzz y compañía deberán ir al rescate, y otra vez volverán a enfrentarse a la dura calle, a los peligros que ella presenta para seres tan pequeños como ellos.



Y por otro lado, Woody conocerá su origen en una serie de marionetas de la TV en blanco y negro, y se harán presentes los muñecos compañeros de aquel programa (Jessie – una vaquera -, Oloroso Pette – un granjero – y Tiro al blanco – un caballo - ).



Ahí estará el hilo de la trama, ¿volver a la casa de un niño que prono lo olvidará, o pasar a la posteridad en un museo de Japón?; pero además muchísimas otras cuestiones, como el ego, los problemas familiares, otra vez el juguete que no sabe que lo es, la amistad, y mucha, mucha aventura.



Es en esta película donde más grande se hace la diferencia con los films de la factoría Dreamworks; por un lado la gente de Lasseter parece querer rescatar la inocencia del mundo infantil, estos juguetes intentando aferrarse el mayor tiempo posible a la infancia de sus dueños (la canción de Jessie, junto con el comienzo de Up – también de Pixar – forman las escenas más desgarradoras del cine en mucho tiempo); mientras que Spielberg (¿por qué, por qué Steven?), Katzemberg, y compañía, pareciera que pretender hacer crecer a los niños de golpe, el mensaje se entiende como “terminar con la inocencia”, los cuentos de hadas no existen, Pinocho es un gay fetichista, los peces pueden ser fumones, las princesas ya no son femeninas, los travestis están de moda, ser esquizofrénico es simpático, etc., etc.



Toy Story 2, superior en trama (repito ya la primera era excelente), en descripción de personajes, y en calidad de animación ( los cuatro años no pasaron en vano para esta productora que vio sus orígenes dentro de Lucas Art – el tío George no podía faltar en el medio - ). Otra vez un relato que fascina a los más pequeños, y con un montón de guiños para los adultos.



Sencillamente sin palabras, mi película de animación favorita, y solo superada por Star Wars en cuanto a mis preferencias de cine en general.



Y ahora, once años después, los juguetes vuelven al ruedo – ya nos estuvieron precalentado a principio de año con la reposición de ambas en 3D - , esta vez parece que se han trasladado a una guardería, ya que el día tan temido parece haber llegado, ¡Andy ha crecido!.



Desde mi parte, no veo la hora que la tercer semana de junio por fin llegue.



Acá les dejo algunos links para que disfruten los fanáticos, y vayan saboreando:



http://www.disneylatino.com/peliculas/cine/toystory/



http://disney.go.com/toystory/



http://www.pixar.com/




El fiasco de turno





Hace ya un par de años, se viene formando una tendencia de realizar películas sobre superhéroes, pero enfocadas en sus, digamos, flaquezas; o mejor dicho, historias sobre gente común que, o bien un día decidieron salir a combatir el crimen de una manera no tradicional (no, no es que se unen a la Policía Metropolitana, eso sería si se conformasen con multas de tránsito), o recibieron un superpoder especial. Ejemplos de esto encontramos en Hancock, o las más recientes Defendor y Kick Ass, en una tradición que podríamos decir comienza con SpiderMan.



Como no podía ser de otra manera (¿o no?), Argentina no se iba a quedar atrás, y es así como tenemos nuestra promocionada “primer película de superhéroes”... aunque viendo los resultados, creo que los entrañables Superagentes o la Brigada Z tenían mejores cualidades.



Zenitram, comienza con un basurero, obviamente desalineado (no porque tenga algo contra estos obreros, sino porque la película no se ahorra un solo cliché), dejado, ignorante, borracho, y drogón. Un día se encuentra en un baño público con un personaje casi tan desalineado como él (cliché de ¿bohémio?) que le anuncia que si pronuncia su apellido al revez, podrá volar. Claro, al intentarlo (seamos sinceros ¿Quién desoiría una propuesta tan lógica?) no lo logra, y luego de varios intentos, lo pronuncia, como diría mi hermano, cachándose las pelotas (porque los argentinos somos tan desagradables que vivimos manoseándonos la entrepierna), y ahí si, vola. De ahí en adelante se calza un traje muy holgado y con los colores de Boca (si, si, clichés, clichés y clichés)y sale a combatir el crimen, o algo así, y se topará con un político inescrupuloso (no se olviden da la palabra clave “CLICHÉ”); eso sí, sin dejar en ningún momento los hábitos, supuestamente, de la clase obrera, o del argentino medio, o vaya a saber uno qué. Fin de la historia.



¿Hace falta decir cuál es el problema de esta película?... bueno, esta bien, empecemos.



Primero, la trama, el argumento, o como quieran llamarlo; para dejarlo en claro, tengo una peliculita en Cine Graf (aquel proyector de juguete) llamada Jerry, el muchacho atómico cuyo desarrollo es mucho más complejo. Es terrible, por ahí pensaron en una historia como para que la entendiera el protagonista de la misma, sencillamente una estupidez, y encima ¡¡¡¡¡ni siquiera está bien resuelta!!!!!, tiene baches impresentables.



Mejor ni hablar de diálogos, mi primita de cuatro años los podría haber hecho más complejos y creíbles. ¿Un ejemplo? “Es un pájaro, es un avión, no, es Zenitram en pedo” y así...



Siguiendo con la historia, pero en otro punto, es insultante... y dale con considerarnos los peores ciudadanos del mundo. La película se encarga de dejarnos bien en claro que este es el superhéroe que Argentina se merece, o sea, que no nos merecemos un superhéroe sino un pelotudo.



Es más, hasta lo dijo el propio director en una entrevista en que le preguntaron cómo resolvería el tema del vuelo, simplemente dijo que volaría como todos nos imaginamos que volaría un superhéroe argentino, el resultado es similar a una representación de viaje alucinógeno (claro, inducido por estupefacientes, dah); yo no debo ser argentino, porque pensé que un superhéroe vuela en serio, sea de donde sea, pero bueh.



Por momentos (muchos momentos, mucho más de lo necesario), la película parece ser hecha por la producción de un programa de Rolando Graña, o la gente de Policias en Acción; o alguno de esos directores del llamado “nuevo cine argentino” que se dedican a mostrar las miserias de la clase pobre.



Irritante por donde se la mire, sin querer adelantar nada, la película ni siquiera ofrece una redención, simplemente pretende que nos riamos (ah, porque en verdad, es una comedia, aunque uno no esboce ni una sonrisa, sino varios bostezos) de lo mierda que somos, lo asqueroso de nuestras costumbres, y sintamos vergüenza de nuestra vocabulario. Si, paren de reírse, ya sé que es graciosísimo.



Ahora estoy recordando un capítulo de mi querido Chapulín Colorado en que el héroe debe resolver un conflicto que también pretende resolver una suerte de Superman/Tío Sam yanqui; claro que el chapulín se manda de las de él una tras otra, pero igualmente sale bien parado ante el pedante estadounidense, además bastante inepto, al que se lo muestra lleno de incultura... si lo recuerdan, Zenitram es todo lo contrario.



Volviendo al comienzo de esta reseña, se están dando varias muestras de estos superhéroes lejos de ser perfectos, pero a diferencia de este bodrio putrefacto (si, simplemente la detesto), pretenden un estudio si se quiere, social, de la figura del superhéroe.



Por ejemplo, Defendor, con el crítico Woody Harrelson, trata de un obrero con algunos problemas psicológicos (por no decir psiquiátricos) que de la nada, decide salir a combatir el crimen con armas tan elementales como caños y linternas; pero aún así la historia demuestra un estudio mucho más complejo, y trata el estúpido patriotismo de la población “ultraderechista” norteamericana.



Kick Ass, gira alrededor del tema de la violencia de esa sociedad, la sociedad de consumo, y la obsesión por encontrar un salvador o algo similar; se preguntan ¿Por qué, hoy día, nadie quiere ser superhéroe?; y todo alrededor de un fanático de comics que sin poseer ningún superpoder decide actuar como superhéroe.



Bueno, la contraparte argentina, es simplemente una bobada, no hace ningún análisis, ni nada parecido, y parece decida a mostrarnos que los Argentinos, y nuestra clase política – que no surge de un repollo - , somos impresentables.



Lo más llamativo de esto, son los nombres que se esconden detrás de la película. Está basada en un relato de Juan Sasturaín, personaje contradictorio si los hay, se ve que tantos programas sobre banalizar cultura en Telefé (también productora del film) no le está haciendo bien.



También tenemos a un nieto de Héctor Germán Oesterheld (semidios del comic argentino, creador de Sherlock Time, Ticonderoga, Ernie Pike, Sargento Kirk, Mort Cinder, y claro El eternauta, entre otras) como productor; es más hasta la película tira un par de guiños para sus seguidores, pero en medio de algo tan pobre, más que un homenaje parece un insulto (¿esto ya lo dije, no?); sencillamente no se entiende.



Hablar de cualidades técnicas es inútil, se escuda en querer parecerse a un proyecto Clase B (que por las empresas metidas detrás es claro que no lo es), pero en verdad parece una película hecha por un grupo de amigos una tarde de aburrimiento con la filmadora casera del viejo (falta que al final se cuele algún track del cumpleaños de la nona y listo). Lo único rescatable, son algunos pasajes con algo de animación o estética comic, y hasta ahí nomás.



Actuaciones, ¿tiene?, es imposible analizar este rubro en algo tan malo, lo lamentable es que cuenta con grandes nombres como Luis Luque o Daniel Fanego; y el ascendente Juán Minujín (Zenitram) no puede hacer mucho metido en un traje de superhéroe que, por lo menos le queda veinte tallas grande.



Nunca mejor dicho, este fiasco parece realizado (y de hecho lo és) por algunos medios que nos quieren mostrar que nuestra población no tiene salvación, y además, que no la merecemos... claro que si esa salvación viene de semejante estúpido yo también la dejo pasar.

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miércoles, 19 de mayo de 2010

Dela escasez de cine... y salas


Antes que nada, quiero empezar pidiendo perdón por la tardanza en esta nueva entrada a más de 15 días de haber empezado el mes... pero mayo para mi siempre es complicado; mi actividad universitaria y la cercanía de los parciales me dejan poco tiempo para otro tipo de labores, llámese escribir este blog, o directamente ver películas (ya sé que esto se llama “No puedo dejar de ver cine”, pero a veces la situación es más fuerte).


Entonces, una de las razones por la que no escribía eran los exámenes; pero por otro lado, como dije, no estuve viendo demasiado cine, y tuve mala suerte en lo poco que vi, nada verdaderamente destacable.



Aún así, la falta de tiempo no es la única razón de la escasez de films; hay determinadas razones que han influido, y mucho.



En los últimos tiempos me he sentido interesado por el cine francés, particularmente por las comedias; pero lamentablemente sucede que poder ver cada una de ellas me representa una odisea, veamos:



Bienvenidos al País de la locura, a pesar de su enorme éxito en su país de origen, aquí no tuvo demasiada repercusión, se estrenó en varias salas... de las que rápidamente desapareció, y yo que no me había avispado. Por suerte esa vez me salvó la internet y sus películas online... con horrible acento español, pero la vi.



Más tarde llegó Mis estrellas y Yo, único estreno de la semana de navidad, en pocas salas, con poquísima difusión. Pero ahora no me iban a engañar, el 23 de diciembre, con los regalos ya comprados y el pavo a punto de cocinarse, fui al cine y logré verla; genial, la recomendé, mi hermano quiso verla, y por esas cosas de la temporada baja, a la próxima semana lo logró... en una sala pequeñísima, había que dejarle lugar a Avatar.



Hace un mes llegó La gran fiesta de Cocó, por fin, luego de un montón de amagues en su estreno; previamente me había asegurado de verla online, y como me encantó, cuando se estrenó en salas, al día siguiente concurrí, aunque los que siguen este blog sabrán que no todo salió bien (sino lean la entrada del mes pasado).



Ah, me olvidaba que a la semana de estrenarse Mis estrellas y Yo, se había estrenado Cena de amigos, junto con la Cámeron; pero como estaba con los preparativos vacacionales, me fue imposible verla, y a la semana voló (y ni hablar de verla en salas costeras); por suerte mi querido y compinche hermano pudo hacerse un rato y me comentó que es muy buena: Eso sí, la de los habitantes de Pandora pude cómodamente verla cuando volví de las vacaciones y en una sala enorme.



Y todo esto me lleva a la situación actual, hace dos semanas se estrenó Dos en uno, hace desde mediaos del año pasado que prometían su estreno todos los meses, y nada; y ahora al fin... la misma semana de Carancho con el vanagloriado Darín y Pesadilla en la Calle Elm; a una semana posterior de Iron Man 2, y una anterior a Robin Hood . Pero justo era semana de parciales, venía acumulando (y sigo de hecho) muchas semanas de no pisar una sala; y entonces, me dije, espero una semana y el viernes 14 me despacho, ya había planeado ¡cuatro! Películas en un día, era una verdadera hazaña... pero el 13 hubo cambio de cartelera, y Dos en uno simplemente desapareció, o casi, quedó únicamente en dos salas en pleno microcentro a muy pocas cuadras una de la otra, y en pocas funciones. Y yo me empaco, es todo o nada, quieren obligarme a no ver Dos en uno, bueno estaba dispuesto a dos horas y media de viaje para poder ver específica y únicamente la película del argelino Daniel Auteuil, pero no contaba con un paro de trenes que truncó todo proyecto, y así me quede sin nada y escribiendo este blog con muy poca renovación cinematográfica desde la última vez que lo hice.



Ahora, hay algo que no entiendo, de parte de los propietarios de salas, es lógico que quieran darle más espacio a tanques que van a llevar mucho más público, esta bien. Pero las distribuidoras, a veces me pregunto si lo hacen a propósito, tienen estos films en una espera permanente, lo promocionan varias veces y no concretan su estreno, y cuando finalmente lo hacen, resulta ser en una semana apretada entre varios tanques (lo que lleva además a poca cantidad de salas), o a semanas en las que se sabe que solo un loco como yo iría al cine.



Para consolarme, mi vieja me dice, “no te preocupes, después la conseguís en el videoclub”, si claro, en el videoclub que trae las películas que nadie trae y que queda en... mejor me guardo las malas palabras; o por ahí en el cable, eso sí, si no se tiene un canal premium es mejor olvidarse.



Yo tomé las comedias francesas como un botón de muestra, pero esto es lo que sucede con muchos films que no encuentran lugar en la cartelera, o que lo hacen escuetamente, como si se nos hiciera un favor para poder verlas en una sala.



Después, claro está, el problema de los que vivimos del otro lado de la General Paz, no tenemos ninguna posibilidad de ver este tipo de películas, ya no existen las salas de barrio, y los megacomplejos no están dispuestos a ponernos films que hagan que sus espectadores no compren pochoclo o compre cualquier chuchería en el shopping en cuestión; salvo que uno esté dispuesto a varias horas de viaje, y a pleno día, porque a la noche nos quedamos sin transporte... o por qué se creen que ni hablo del BAFICI.



Es lo que me pasa, así me deja el no poder ver cine, decidí que era mejor contar mi descontento ante la situación de un cine no abierto a las grandes mayorías (aunque, vamos, tampoco es que las comedias francesas sean “cine arte”, pero es así), que reseñar algunos de los insignificantes films que pude ver.

Por suerte no todas son pálidas, y mayo tuvo una noticia cinéfila que me alegró, volvió Filmoteca, temas de cine a la pantalla de la TV Pública, así que por lo menos, todo lo alejado del cine que estuve durante el día, lo recupero a la medianoche de la mano de Fernando Martín Peña y Fabio Manes y toda esa gama de grandes films, de los cuales no hago reseñas porque sería inútil después de escuchar a estas dos bibliotecas vivientes del cine, un aplauso para ellos y para la pantalla de Canal 7 que sigue mejorándose. Ahí también sucede algo parecido a lo anterior, ¿en qué otro canal puedo esperar ver la calidad de films que pasan en Filmoteca y el posterior Cine para todos?; pero sería empezar otra vez con lo mismo.
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El fiasco de turno



Y como si la nota anterior no hubiese sido bastante negativa, acá estoy otra vez para hablar mal de una película, para recomendarles de qué título deben huir, o por lo menos a mi parecer, ya que este “Fiasco de turno” es especial, porque se trata de una película que por lo general ha tenido buena aceptación, pero a mi simplemente no me gustó.


Hacía ya tiempo que venia escuchando hablar bien, y hasta me la recomendaban personalmente, de una película de 1997 llamada Funny Games, una especie de hito del cine de terror proveniente de Austria, y que, según muchos, junto con Scream, Vigila quien llama habían logrado darle un nuevo aire al alicaído género. Pero esa película nunca se había estrenado en mi país, y me resultaba realmente difícil conseguirla.


En el año 2008, su director, el gran Michael Haneke (La cinta blanca, La profesota de piano) realizó una remake para EE.UU. con idéntico título, pero que tampoco se estrenó por estos lares.


Por lo tanto, cuando finalmente logré enganchar esta segunda versión en la TV por cable, mi expectativa era bastante grande... pero los resultados no acompañaron.


Cabe aclarar que ya conocía la intención que el provocativo Haneke había tenido al contarnos esta historia, mostrarnos violencia extrema y situaciones límites para demostrar el gusto por lo sádico (como reza su título en castellano Juegos Sádicos) de la platea, sobre todo estadounidense, o sea generar cierta repulsión adrede, es más hasta los personajes varias veces le hablan al espectador preguntándole si quieren ver más, o consultándonos sobre sus próximas actuaciones carniceras.


La historia nos cuenta de un matrimonio tipo con un hijo que decide ir a pasar un fin de semana a una casa alejada en un country isleño. Todo marcha bien hasta que en la casa se presentan dos adolescentes vecinos que, primero buscan cualquier excusa para no retirarse del hogar, y luego pasan a someter a la familia a todo tipo de vejaciones sin explicación alguna, casi casi por entretenimiento.


La premisa prometía, era algo básico, muy al estilo hollywoodense, pero para mostrarnos lo violenta que es esa sociedad y lo brutal que es su forma de divertimento. Ahora el problema, para mi, pasa especialmente con este segundo punto.


Yo no sé si es que la película la vi fuera de tiempo (aclaro que luego vi la versión austriaca como para quedarme seguro de que no era problema de una adaptación yanqui) o que mis expectativas me engañaron, o realmente soy una persona muy violenta; pero realmente no encontré nada que no se viera en una película media, y muy por debajo de títulos como El juego del miedo, Hostel, o las francesas Alta Tensión o La frontera del miedo.


Ahora eso estaría bien, hasta podría agradecer el hecho de no ser una hora y pico de torturas sin fin y sin sentido; pero la cuestión es que la historia ni siquiera me produjo cierta sugestión, nerviosismo... y la verdad es que apenas si la seguí con interés.


Durante la primera media hora la película se sostiene muy bien, hay un clima de opresión perfectamente logrado, y todos sabemos que algo va a pasar... y que va a ser muy feo. La escena que con los jóvenes pidiendo huevos (ojo, literalmente una docena de huevos para la madre de uno de ellos) a Annie y cada vez se va poniendo más extraña, debe ser de las escenas más fuertes de la historia del suspenso, hasta llegar al límite de la tensión cuando finalmente develan sus intenciones. Pero a partir de ahí, la cosa se va diluyendo, se pierde esa tensión y va cayendo en baches narrativos que llegan a exasperar... del aburrimiento.


Sí, hay escenas con contenido fuerte, y hasta podríamos decir que se riompe uno de los “códigos morales” del cine de terror, pero más allá de eso, se cae en cierta reiteración, la cosa no avanza, y pareciera que se4 quedaron sin nada que decir desde el minuto’40; todo hasta llegar a un final supuestamente shockeante, pero ciertamente previsible.


Otro punto que juega en contra, es cierta inverosimilitud en las situaciones... y no me refiero solamente a los interminables monólogos que los asesinos hacen a sus victimas o a los espectadores. Los personajes de la familia pecan de demasiada inocencia, uno siente que más de una vez podrían escapar de ese calvario, y sin embargo, cometen error tras error.


Fuera de la historia, los rubros actorales en ambas películas están muy bien (pese a que Michael Pitt como asesino ya se transformó en un lugar común), realmente transfieren ese sadismo o temor que deben sentir sus personajes; al igual que los sobresalientes rubros técnicos manejados con luminosidad/superficialidad o crudeza según la ocasión, llegando al climax de la opresión. Aquí el problema no es el cómo sino el qué se cuenta.


En un momento, uno de los asesinos, durante uno de sus monólogos sobre la violencia, le dice a sus víctimas que no hay que olvidarse del factor entretenimiento; eso mismo debería saberlo Haneke (el cual cuenta con títulos mucho más fuertes), quien pareció tener una buena idea, pero no supo como resolverla durante más de una hora.


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