domingo, 27 de junio de 2010

En Julio se celebra




Este mes sobran los motivos para festejar, en lo personal la celebración es doble, por un lado estrené los 27 años, por otro me acabo de recibir como abogado (¿Cuántas posibilidades hay de que en un blog de cine se haga este comentario?)... pero lo más importante, lo que los incluye a ustedes, mis fieles lectores, es que hace un año nacía este sitio. Sí, No puedo dejar de ver cine cumple 1 año de vida, y como todo ser de 1 año, aún está en formación, por eso este cambio en el diseño y en el formato, lo que incluye nuevas aplicaciones (en la próxima entrega, no se impacienten).
Cuando empecé con este proyecto, fue un poco para despuntar el hobbie de hacer reseñas de películas, cosa que me encanta; pero principalmente para poder compartir mi pasión con otras personas, poder contar mis vivencias como fanático del cine a todo aquel que le pueda interesar y se sienta identificado; y si bien este no es de los blogs más visitados (ah, otro festejo es que en junio superamos las 1000 visitas), siento que ese deseo ya empezó a cumplirse, cada vez que recibo mensajes o correos sobre algún comentario hecho en estas líneas. Por eso, siento que este cumpleaños es de ustedes, los que deciden leer mis entradas, porque son los que me dieron ánimo para seguir escribiendo mes a mes, pese a las muchísimas dificultades que tuve para hacerlo. Ahora, ya no tendré los aprietos del estudio que dificulten la salida a tiempo; pero también empieza otra etapa, y Dios quiera que otras obligaciones, es por eso que mantengo lo dicho en mi primer entrada, no prometo regularidad, pero sí que siempre estaré ahí esperando cada principio de mes, o cuando pueda, para poder compartir algo nuevo. FELICITACIONES.

P.D.: Atenti, la foto del perfil va creciendo con el blog; y la de arriba, es un cumpleaños mio, no es lo que parece...
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sábado, 12 de junio de 2010

Francia y los juguetes animados





En este blog, que ya se está transformando en algo así como un foro no oficial de cine francés, voy a comenzar diciendo que finalmente logré ir al cine, después de un largo período de complicaciones a la hora de poder realizar esa actividad (bueno, los que siguen este blog saben de que hablo, y los que no, lean la entrada del mes anterior); ¿y qué fui a ver?, si, más cine francés (sino esta introducción no tendría lógica)... por lo menos amplié mis horizontes y además de una comedia, vi un drama francés.



Las películas en cuestión son Dos en uno, una simpatiquísima comedia con Daniel Auteuil, a la que ya me referí anteriormente, por lo que solo voy a decir que es otro gran acierto de la filmografía de ese país, y específicamente de este versátil actor; si pueden conseguirla en DVD (porque de las salas ya voló) no pierdan la oportunidad.



La segunda, el drama, es El padre de mis hijos, coproducción franco-alemana, uno de esos excelentes films intimistas que solo los europeos saben hacer. Con pequeños detalles nos cuenta la historia de un productor de cine, de otrora éxito, pero ahora caído en la desgracia económica, la cual parece llevar al ineludible final de la productora. Por otro lado, su familia, su esposa y sus tres hijas (con una gran labor infantil de las dos hijas menores). Para algunos, en gran parte de la película no sucederá nada, transcurre con una extrema cotidianeidad, pero es en esos detalles en donde el relato se destaca, en ver cómo este hombre y las relaciones con su entorno lo van llevando a la desesperación, en una historia que no solo se puede aplicar al mundillo del cine, sino a toda esa vorágine del mundo capitalista. Gran dirección, grandes actuaciones, gran relato, excelente.





Pero no es de estas películas que quiero hablar, el título de esta reseña se refiere a la animación, y ciertamente ninguna de estas dos películas son de animación.



Junio de 2010 parece ser un mes importante para mi, no es porque cumplo 27 años, no es porque aparentemente me recibo de abogado (y otra vez la disyuntiva de ¿qué catzo hace un futuro abogado hablando de cine?), sino porque finalmente se estrena la tercera entrega de una mis sagas favoritas (no, Episodio III ya se estrenó hace mucho), me refiero a Toy Story 3, y las ansias por poder finalmente verla en la semana del 17 de junio, me llevan a querer rememorar las dos entregas anteriores.



En 1995, Toy Story, revolucionó el mundo de los largometrajes de animación, siendo el primer film de animación por computadora (o por lo menos así es considerado), con una estética que le otorgaba más realismo que la animación tradicional. Pero, para sorpresa de muchos, no fue eso solo lo revolucionario de este film, sino el relato en si, el qué y cómo se cuenta, lo que abriría una brecha para los considerados films de animación para chicos y adultos (y que luego Dreamworks deformaría con Shrek en films de animación para adultos que, tal vez, disfruten los niños, pero que es más factible que queden excluidos).



Este primer largo de Pixar/Disney nos cuenta la historia de un grupo de juguetes que vive en la casa suburbana de un niño llamado Andy; y particularmente la historia de Woody, un muñeco vaquero (del que claramente se nota es de varios años, aspecto que se desarrollará más en su secuela), el consentido de Andy, el que se lleva para dormir.



Todo comienza el día de cumpleaños del niño, los juguetes montan un complejo operativo para saber cuáles serán los regalos (de hecho, si habrá algún muñeco nuevo), y es ahí cuando aparece Buzz Lightyear, o mejor dicho, el muñeco de Buzz Lightyear, un astronauta sensación de la TV y el merchandising del momento... y que pronto acaparará la atención de Andy, en desmedro de Woody. Ahí está el problema, los celos, pasar de ser el preferido a ser uno más, a volver otra vez a la caja con todos los juguetes; ah, y algo más, Buzz todavía no sabe que es un juguete, se cree el verdadero guardián espacial. Todo esto llevará a una serie de complicaciones y escenas dignas del mejor film de suspenso, que desembocará en ambos juguetes extraviados en el camino, y su largo camino a casa, tratando de no caer en las manos de Sid, el niño destructivo vecino de Andy.



Con una gran gama de perfectos personajes secundarios (el resto de los juguetes), que hasta logran acaparar la atención por sobre los protagonistas – mi preferido es Ham - , una historia contada sin subestimar a ningún espectador (ni a los niños ni a los adultos que encontrarán millones de guiños), y detalles y temáticas que hasta ese momento no se habían presentado en el cine de animación, por lo menos hollywoodense.



Punto aparte para la cuestión técnica, más que sobresaliente, un detalle en las texturas de los personajes y los ambientes que ningún otro film había alcanzado, y que al día de hoy tampoco lo ha hecho (con excepción de su secuela, claro está, y de otra producción que comparte director, Cars).



¿Hace falta decir que es una de mis películas favoritas, y no solo de animación? Pero si bien es de mis preferidas, no es la que más me gusta, ni siquiera en cuanto a cine de animación, porque ese lugar lo ocupa la segunda parte.



Tirando abajo eso de “segundas partes nunca fueron buenas”, Toy Story 2, tercera producción de Pixar – en el medio vino Bichos – es superior a la primera en varios sentidos, y eso que era complicado igualar – ni hablar de superar – la excelencia de la original.



Esta vez, tenemos a todo los juguetes unidos, en nueva casa, con el mismo dueño más crecido, al igual que su hermanita – antes un bebé -, y un perro babeador. Aquí el tema es el paso del tiempo, la madurez de los humanos, que va dejando de lado la adoración por los muñecos. Y así a cosa comienza con una venta de garaje, a la que irán a parar varios juguetes olvidados, y entre ellos, por accidente en pleno plan de rescate, Woody, que caerá en las manos de un ambicioso coleccionista ( o mejor dicho un vendedor de artículos para coleccionistas), también dueño de una juguetería ( a la cual, si prestan atención, en la primera entrega ya se hacía mención).



Entonces, Buzz y compañía deberán ir al rescate, y otra vez volverán a enfrentarse a la dura calle, a los peligros que ella presenta para seres tan pequeños como ellos.



Y por otro lado, Woody conocerá su origen en una serie de marionetas de la TV en blanco y negro, y se harán presentes los muñecos compañeros de aquel programa (Jessie – una vaquera -, Oloroso Pette – un granjero – y Tiro al blanco – un caballo - ).



Ahí estará el hilo de la trama, ¿volver a la casa de un niño que prono lo olvidará, o pasar a la posteridad en un museo de Japón?; pero además muchísimas otras cuestiones, como el ego, los problemas familiares, otra vez el juguete que no sabe que lo es, la amistad, y mucha, mucha aventura.



Es en esta película donde más grande se hace la diferencia con los films de la factoría Dreamworks; por un lado la gente de Lasseter parece querer rescatar la inocencia del mundo infantil, estos juguetes intentando aferrarse el mayor tiempo posible a la infancia de sus dueños (la canción de Jessie, junto con el comienzo de Up – también de Pixar – forman las escenas más desgarradoras del cine en mucho tiempo); mientras que Spielberg (¿por qué, por qué Steven?), Katzemberg, y compañía, pareciera que pretender hacer crecer a los niños de golpe, el mensaje se entiende como “terminar con la inocencia”, los cuentos de hadas no existen, Pinocho es un gay fetichista, los peces pueden ser fumones, las princesas ya no son femeninas, los travestis están de moda, ser esquizofrénico es simpático, etc., etc.



Toy Story 2, superior en trama (repito ya la primera era excelente), en descripción de personajes, y en calidad de animación ( los cuatro años no pasaron en vano para esta productora que vio sus orígenes dentro de Lucas Art – el tío George no podía faltar en el medio - ). Otra vez un relato que fascina a los más pequeños, y con un montón de guiños para los adultos.



Sencillamente sin palabras, mi película de animación favorita, y solo superada por Star Wars en cuanto a mis preferencias de cine en general.



Y ahora, once años después, los juguetes vuelven al ruedo – ya nos estuvieron precalentado a principio de año con la reposición de ambas en 3D - , esta vez parece que se han trasladado a una guardería, ya que el día tan temido parece haber llegado, ¡Andy ha crecido!.



Desde mi parte, no veo la hora que la tercer semana de junio por fin llegue.



Acá les dejo algunos links para que disfruten los fanáticos, y vayan saboreando:



http://www.disneylatino.com/peliculas/cine/toystory/



http://disney.go.com/toystory/



http://www.pixar.com/




El fiasco de turno





Hace ya un par de años, se viene formando una tendencia de realizar películas sobre superhéroes, pero enfocadas en sus, digamos, flaquezas; o mejor dicho, historias sobre gente común que, o bien un día decidieron salir a combatir el crimen de una manera no tradicional (no, no es que se unen a la Policía Metropolitana, eso sería si se conformasen con multas de tránsito), o recibieron un superpoder especial. Ejemplos de esto encontramos en Hancock, o las más recientes Defendor y Kick Ass, en una tradición que podríamos decir comienza con SpiderMan.



Como no podía ser de otra manera (¿o no?), Argentina no se iba a quedar atrás, y es así como tenemos nuestra promocionada “primer película de superhéroes”... aunque viendo los resultados, creo que los entrañables Superagentes o la Brigada Z tenían mejores cualidades.



Zenitram, comienza con un basurero, obviamente desalineado (no porque tenga algo contra estos obreros, sino porque la película no se ahorra un solo cliché), dejado, ignorante, borracho, y drogón. Un día se encuentra en un baño público con un personaje casi tan desalineado como él (cliché de ¿bohémio?) que le anuncia que si pronuncia su apellido al revez, podrá volar. Claro, al intentarlo (seamos sinceros ¿Quién desoiría una propuesta tan lógica?) no lo logra, y luego de varios intentos, lo pronuncia, como diría mi hermano, cachándose las pelotas (porque los argentinos somos tan desagradables que vivimos manoseándonos la entrepierna), y ahí si, vola. De ahí en adelante se calza un traje muy holgado y con los colores de Boca (si, si, clichés, clichés y clichés)y sale a combatir el crimen, o algo así, y se topará con un político inescrupuloso (no se olviden da la palabra clave “CLICHÉ”); eso sí, sin dejar en ningún momento los hábitos, supuestamente, de la clase obrera, o del argentino medio, o vaya a saber uno qué. Fin de la historia.



¿Hace falta decir cuál es el problema de esta película?... bueno, esta bien, empecemos.



Primero, la trama, el argumento, o como quieran llamarlo; para dejarlo en claro, tengo una peliculita en Cine Graf (aquel proyector de juguete) llamada Jerry, el muchacho atómico cuyo desarrollo es mucho más complejo. Es terrible, por ahí pensaron en una historia como para que la entendiera el protagonista de la misma, sencillamente una estupidez, y encima ¡¡¡¡¡ni siquiera está bien resuelta!!!!!, tiene baches impresentables.



Mejor ni hablar de diálogos, mi primita de cuatro años los podría haber hecho más complejos y creíbles. ¿Un ejemplo? “Es un pájaro, es un avión, no, es Zenitram en pedo” y así...



Siguiendo con la historia, pero en otro punto, es insultante... y dale con considerarnos los peores ciudadanos del mundo. La película se encarga de dejarnos bien en claro que este es el superhéroe que Argentina se merece, o sea, que no nos merecemos un superhéroe sino un pelotudo.



Es más, hasta lo dijo el propio director en una entrevista en que le preguntaron cómo resolvería el tema del vuelo, simplemente dijo que volaría como todos nos imaginamos que volaría un superhéroe argentino, el resultado es similar a una representación de viaje alucinógeno (claro, inducido por estupefacientes, dah); yo no debo ser argentino, porque pensé que un superhéroe vuela en serio, sea de donde sea, pero bueh.



Por momentos (muchos momentos, mucho más de lo necesario), la película parece ser hecha por la producción de un programa de Rolando Graña, o la gente de Policias en Acción; o alguno de esos directores del llamado “nuevo cine argentino” que se dedican a mostrar las miserias de la clase pobre.



Irritante por donde se la mire, sin querer adelantar nada, la película ni siquiera ofrece una redención, simplemente pretende que nos riamos (ah, porque en verdad, es una comedia, aunque uno no esboce ni una sonrisa, sino varios bostezos) de lo mierda que somos, lo asqueroso de nuestras costumbres, y sintamos vergüenza de nuestra vocabulario. Si, paren de reírse, ya sé que es graciosísimo.



Ahora estoy recordando un capítulo de mi querido Chapulín Colorado en que el héroe debe resolver un conflicto que también pretende resolver una suerte de Superman/Tío Sam yanqui; claro que el chapulín se manda de las de él una tras otra, pero igualmente sale bien parado ante el pedante estadounidense, además bastante inepto, al que se lo muestra lleno de incultura... si lo recuerdan, Zenitram es todo lo contrario.



Volviendo al comienzo de esta reseña, se están dando varias muestras de estos superhéroes lejos de ser perfectos, pero a diferencia de este bodrio putrefacto (si, simplemente la detesto), pretenden un estudio si se quiere, social, de la figura del superhéroe.



Por ejemplo, Defendor, con el crítico Woody Harrelson, trata de un obrero con algunos problemas psicológicos (por no decir psiquiátricos) que de la nada, decide salir a combatir el crimen con armas tan elementales como caños y linternas; pero aún así la historia demuestra un estudio mucho más complejo, y trata el estúpido patriotismo de la población “ultraderechista” norteamericana.



Kick Ass, gira alrededor del tema de la violencia de esa sociedad, la sociedad de consumo, y la obsesión por encontrar un salvador o algo similar; se preguntan ¿Por qué, hoy día, nadie quiere ser superhéroe?; y todo alrededor de un fanático de comics que sin poseer ningún superpoder decide actuar como superhéroe.



Bueno, la contraparte argentina, es simplemente una bobada, no hace ningún análisis, ni nada parecido, y parece decida a mostrarnos que los Argentinos, y nuestra clase política – que no surge de un repollo - , somos impresentables.



Lo más llamativo de esto, son los nombres que se esconden detrás de la película. Está basada en un relato de Juan Sasturaín, personaje contradictorio si los hay, se ve que tantos programas sobre banalizar cultura en Telefé (también productora del film) no le está haciendo bien.



También tenemos a un nieto de Héctor Germán Oesterheld (semidios del comic argentino, creador de Sherlock Time, Ticonderoga, Ernie Pike, Sargento Kirk, Mort Cinder, y claro El eternauta, entre otras) como productor; es más hasta la película tira un par de guiños para sus seguidores, pero en medio de algo tan pobre, más que un homenaje parece un insulto (¿esto ya lo dije, no?); sencillamente no se entiende.



Hablar de cualidades técnicas es inútil, se escuda en querer parecerse a un proyecto Clase B (que por las empresas metidas detrás es claro que no lo es), pero en verdad parece una película hecha por un grupo de amigos una tarde de aburrimiento con la filmadora casera del viejo (falta que al final se cuele algún track del cumpleaños de la nona y listo). Lo único rescatable, son algunos pasajes con algo de animación o estética comic, y hasta ahí nomás.



Actuaciones, ¿tiene?, es imposible analizar este rubro en algo tan malo, lo lamentable es que cuenta con grandes nombres como Luis Luque o Daniel Fanego; y el ascendente Juán Minujín (Zenitram) no puede hacer mucho metido en un traje de superhéroe que, por lo menos le queda veinte tallas grande.



Nunca mejor dicho, este fiasco parece realizado (y de hecho lo és) por algunos medios que nos quieren mostrar que nuestra población no tiene salvación, y además, que no la merecemos... claro que si esa salvación viene de semejante estúpido yo también la dejo pasar.

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miércoles, 19 de mayo de 2010

Dela escasez de cine... y salas


Antes que nada, quiero empezar pidiendo perdón por la tardanza en esta nueva entrada a más de 15 días de haber empezado el mes... pero mayo para mi siempre es complicado; mi actividad universitaria y la cercanía de los parciales me dejan poco tiempo para otro tipo de labores, llámese escribir este blog, o directamente ver películas (ya sé que esto se llama “No puedo dejar de ver cine”, pero a veces la situación es más fuerte).


Entonces, una de las razones por la que no escribía eran los exámenes; pero por otro lado, como dije, no estuve viendo demasiado cine, y tuve mala suerte en lo poco que vi, nada verdaderamente destacable.



Aún así, la falta de tiempo no es la única razón de la escasez de films; hay determinadas razones que han influido, y mucho.



En los últimos tiempos me he sentido interesado por el cine francés, particularmente por las comedias; pero lamentablemente sucede que poder ver cada una de ellas me representa una odisea, veamos:



Bienvenidos al País de la locura, a pesar de su enorme éxito en su país de origen, aquí no tuvo demasiada repercusión, se estrenó en varias salas... de las que rápidamente desapareció, y yo que no me había avispado. Por suerte esa vez me salvó la internet y sus películas online... con horrible acento español, pero la vi.



Más tarde llegó Mis estrellas y Yo, único estreno de la semana de navidad, en pocas salas, con poquísima difusión. Pero ahora no me iban a engañar, el 23 de diciembre, con los regalos ya comprados y el pavo a punto de cocinarse, fui al cine y logré verla; genial, la recomendé, mi hermano quiso verla, y por esas cosas de la temporada baja, a la próxima semana lo logró... en una sala pequeñísima, había que dejarle lugar a Avatar.



Hace un mes llegó La gran fiesta de Cocó, por fin, luego de un montón de amagues en su estreno; previamente me había asegurado de verla online, y como me encantó, cuando se estrenó en salas, al día siguiente concurrí, aunque los que siguen este blog sabrán que no todo salió bien (sino lean la entrada del mes pasado).



Ah, me olvidaba que a la semana de estrenarse Mis estrellas y Yo, se había estrenado Cena de amigos, junto con la Cámeron; pero como estaba con los preparativos vacacionales, me fue imposible verla, y a la semana voló (y ni hablar de verla en salas costeras); por suerte mi querido y compinche hermano pudo hacerse un rato y me comentó que es muy buena: Eso sí, la de los habitantes de Pandora pude cómodamente verla cuando volví de las vacaciones y en una sala enorme.



Y todo esto me lleva a la situación actual, hace dos semanas se estrenó Dos en uno, hace desde mediaos del año pasado que prometían su estreno todos los meses, y nada; y ahora al fin... la misma semana de Carancho con el vanagloriado Darín y Pesadilla en la Calle Elm; a una semana posterior de Iron Man 2, y una anterior a Robin Hood . Pero justo era semana de parciales, venía acumulando (y sigo de hecho) muchas semanas de no pisar una sala; y entonces, me dije, espero una semana y el viernes 14 me despacho, ya había planeado ¡cuatro! Películas en un día, era una verdadera hazaña... pero el 13 hubo cambio de cartelera, y Dos en uno simplemente desapareció, o casi, quedó únicamente en dos salas en pleno microcentro a muy pocas cuadras una de la otra, y en pocas funciones. Y yo me empaco, es todo o nada, quieren obligarme a no ver Dos en uno, bueno estaba dispuesto a dos horas y media de viaje para poder ver específica y únicamente la película del argelino Daniel Auteuil, pero no contaba con un paro de trenes que truncó todo proyecto, y así me quede sin nada y escribiendo este blog con muy poca renovación cinematográfica desde la última vez que lo hice.



Ahora, hay algo que no entiendo, de parte de los propietarios de salas, es lógico que quieran darle más espacio a tanques que van a llevar mucho más público, esta bien. Pero las distribuidoras, a veces me pregunto si lo hacen a propósito, tienen estos films en una espera permanente, lo promocionan varias veces y no concretan su estreno, y cuando finalmente lo hacen, resulta ser en una semana apretada entre varios tanques (lo que lleva además a poca cantidad de salas), o a semanas en las que se sabe que solo un loco como yo iría al cine.



Para consolarme, mi vieja me dice, “no te preocupes, después la conseguís en el videoclub”, si claro, en el videoclub que trae las películas que nadie trae y que queda en... mejor me guardo las malas palabras; o por ahí en el cable, eso sí, si no se tiene un canal premium es mejor olvidarse.



Yo tomé las comedias francesas como un botón de muestra, pero esto es lo que sucede con muchos films que no encuentran lugar en la cartelera, o que lo hacen escuetamente, como si se nos hiciera un favor para poder verlas en una sala.



Después, claro está, el problema de los que vivimos del otro lado de la General Paz, no tenemos ninguna posibilidad de ver este tipo de películas, ya no existen las salas de barrio, y los megacomplejos no están dispuestos a ponernos films que hagan que sus espectadores no compren pochoclo o compre cualquier chuchería en el shopping en cuestión; salvo que uno esté dispuesto a varias horas de viaje, y a pleno día, porque a la noche nos quedamos sin transporte... o por qué se creen que ni hablo del BAFICI.



Es lo que me pasa, así me deja el no poder ver cine, decidí que era mejor contar mi descontento ante la situación de un cine no abierto a las grandes mayorías (aunque, vamos, tampoco es que las comedias francesas sean “cine arte”, pero es así), que reseñar algunos de los insignificantes films que pude ver.

Por suerte no todas son pálidas, y mayo tuvo una noticia cinéfila que me alegró, volvió Filmoteca, temas de cine a la pantalla de la TV Pública, así que por lo menos, todo lo alejado del cine que estuve durante el día, lo recupero a la medianoche de la mano de Fernando Martín Peña y Fabio Manes y toda esa gama de grandes films, de los cuales no hago reseñas porque sería inútil después de escuchar a estas dos bibliotecas vivientes del cine, un aplauso para ellos y para la pantalla de Canal 7 que sigue mejorándose. Ahí también sucede algo parecido a lo anterior, ¿en qué otro canal puedo esperar ver la calidad de films que pasan en Filmoteca y el posterior Cine para todos?; pero sería empezar otra vez con lo mismo.
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El fiasco de turno



Y como si la nota anterior no hubiese sido bastante negativa, acá estoy otra vez para hablar mal de una película, para recomendarles de qué título deben huir, o por lo menos a mi parecer, ya que este “Fiasco de turno” es especial, porque se trata de una película que por lo general ha tenido buena aceptación, pero a mi simplemente no me gustó.


Hacía ya tiempo que venia escuchando hablar bien, y hasta me la recomendaban personalmente, de una película de 1997 llamada Funny Games, una especie de hito del cine de terror proveniente de Austria, y que, según muchos, junto con Scream, Vigila quien llama habían logrado darle un nuevo aire al alicaído género. Pero esa película nunca se había estrenado en mi país, y me resultaba realmente difícil conseguirla.


En el año 2008, su director, el gran Michael Haneke (La cinta blanca, La profesota de piano) realizó una remake para EE.UU. con idéntico título, pero que tampoco se estrenó por estos lares.


Por lo tanto, cuando finalmente logré enganchar esta segunda versión en la TV por cable, mi expectativa era bastante grande... pero los resultados no acompañaron.


Cabe aclarar que ya conocía la intención que el provocativo Haneke había tenido al contarnos esta historia, mostrarnos violencia extrema y situaciones límites para demostrar el gusto por lo sádico (como reza su título en castellano Juegos Sádicos) de la platea, sobre todo estadounidense, o sea generar cierta repulsión adrede, es más hasta los personajes varias veces le hablan al espectador preguntándole si quieren ver más, o consultándonos sobre sus próximas actuaciones carniceras.


La historia nos cuenta de un matrimonio tipo con un hijo que decide ir a pasar un fin de semana a una casa alejada en un country isleño. Todo marcha bien hasta que en la casa se presentan dos adolescentes vecinos que, primero buscan cualquier excusa para no retirarse del hogar, y luego pasan a someter a la familia a todo tipo de vejaciones sin explicación alguna, casi casi por entretenimiento.


La premisa prometía, era algo básico, muy al estilo hollywoodense, pero para mostrarnos lo violenta que es esa sociedad y lo brutal que es su forma de divertimento. Ahora el problema, para mi, pasa especialmente con este segundo punto.


Yo no sé si es que la película la vi fuera de tiempo (aclaro que luego vi la versión austriaca como para quedarme seguro de que no era problema de una adaptación yanqui) o que mis expectativas me engañaron, o realmente soy una persona muy violenta; pero realmente no encontré nada que no se viera en una película media, y muy por debajo de títulos como El juego del miedo, Hostel, o las francesas Alta Tensión o La frontera del miedo.


Ahora eso estaría bien, hasta podría agradecer el hecho de no ser una hora y pico de torturas sin fin y sin sentido; pero la cuestión es que la historia ni siquiera me produjo cierta sugestión, nerviosismo... y la verdad es que apenas si la seguí con interés.


Durante la primera media hora la película se sostiene muy bien, hay un clima de opresión perfectamente logrado, y todos sabemos que algo va a pasar... y que va a ser muy feo. La escena que con los jóvenes pidiendo huevos (ojo, literalmente una docena de huevos para la madre de uno de ellos) a Annie y cada vez se va poniendo más extraña, debe ser de las escenas más fuertes de la historia del suspenso, hasta llegar al límite de la tensión cuando finalmente develan sus intenciones. Pero a partir de ahí, la cosa se va diluyendo, se pierde esa tensión y va cayendo en baches narrativos que llegan a exasperar... del aburrimiento.


Sí, hay escenas con contenido fuerte, y hasta podríamos decir que se riompe uno de los “códigos morales” del cine de terror, pero más allá de eso, se cae en cierta reiteración, la cosa no avanza, y pareciera que se4 quedaron sin nada que decir desde el minuto’40; todo hasta llegar a un final supuestamente shockeante, pero ciertamente previsible.


Otro punto que juega en contra, es cierta inverosimilitud en las situaciones... y no me refiero solamente a los interminables monólogos que los asesinos hacen a sus victimas o a los espectadores. Los personajes de la familia pecan de demasiada inocencia, uno siente que más de una vez podrían escapar de ese calvario, y sin embargo, cometen error tras error.


Fuera de la historia, los rubros actorales en ambas películas están muy bien (pese a que Michael Pitt como asesino ya se transformó en un lugar común), realmente transfieren ese sadismo o temor que deben sentir sus personajes; al igual que los sobresalientes rubros técnicos manejados con luminosidad/superficialidad o crudeza según la ocasión, llegando al climax de la opresión. Aquí el problema no es el cómo sino el qué se cuenta.


En un momento, uno de los asesinos, durante uno de sus monólogos sobre la violencia, le dice a sus víctimas que no hay que olvidarse del factor entretenimiento; eso mismo debería saberlo Haneke (el cual cuenta con títulos mucho más fuertes), quien pareció tener una buena idea, pero no supo como resolverla durante más de una hora.


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viernes, 9 de abril de 2010

Por favor vean la película

Hay días en que es mejor no salir de la casa; situaciones que parecen una conjunción de desgracias; esos días en los que uno dice ¿por qué a mi?.

Eso es lo que pasó hace dos semanas, cuando invité al cine a una muchacha, específicamente una compañera de la facultad.

Vale aclarar previamente que a esta señorita ya hace un par de años que la conozco, que desde el principio insistió con la idea de ir al cine juntos, y que recién ahora (y por el simple hecho de que son mis últimos meses en la facultad) accedí a su pedido; o sea que mis expectativas en realidad no eran muchas.

Salimos el viernes por la tarde (no quiso salir de noche porque le da miedo volver a casa a esas horas), la paso a buscar por su casa en la que vive sola (o con una amiga, no con sus padres), y de allí nos vamos al Village Caballito.

Antes de entrar al complejo ya empezaron los problemas, una promotora, de improviso, me ntrega unas tarjetas que resultaron ser de un hotel alojamiento; esto no sería nada extraño de no ser porque mi cita, al verlas deslizó un “me imagino que no pensas llevarme a ese lugar”, sorprendido, la mire y no dije nada.

A la hora de elegir la película, ella previamente me había aclarado que le gustaba el cine argentino; miro, y la única en exposición es La mosca en la ceniza, mi intención fue simplemente aclararle que el único film argentino que se estaba proyectando trataba de unas mujeres que eran traídas del interior engañadas para trabajar en un prostíbulo; claro que no me di cuenta que estaba en presencia de una dama casta (vestida con minishort y una remera de por más reveladora – por lo menos hubiese usado corpiño - ), y ante mi sugerencia me reprocho el hecho de querer llevarla a ver “ese tipo (¿?)” de películas en una primera cita. Aclarado el hecho de que solo fue un comentario de mi parte, elegimos algo más acorde a un alma tan pura como la de esta damisela, La gran fiesta de Cocó.

A esta altura yo estaba pensando dos veces cada palabra que decía, y mi cabeza ya decía que esto era un fracaso; pero aún no habíamos entrado a la sala, y a esto es a lo que quiero llegar.

Entramos a la función sobre la hora (no le gusta esperar sentada en las butacas), miramos nuestros asientos numerados y justo detrás había una pareja que tenía muchos temas para conversar... durante toda la película; un par de filas más adelante se encontraba una chica mandando continuamente mensajes de texto, y con la luz del celular apuntándonos y cegándonos directamente, haciendo caso omiso a la numeración de butacas nos corrimos un par de asientos, pero fue inútil, esa luz nos cegaba igual. Para este momento la gota de sudor más chica que corría por mi frente podía abastecer de agua al peor de los deshidratados; y en eso se escuchan unos murmullos que venían del hall, e abre la puerta e ingresa una horda de chicos que se ubicaron en las filas delanteras y terminaron de poner la frutilla en este postre infernal. Por lo que hablaban, que se escuchaba más que la película, querían ver Alicia en el País de las Maravilla pero no consiguieron entrada, así que se metieron ahí, pero parece que las comedias francesas no les gustan, por lo tanto se decidieron a correr por toda la sala, cambiarse quinientas veces de asiento, treparse a la pantalla cual mono rabioso, poner los pies sobre el respaldo de la butaca, arrojar distintos objetos al aire, tirarse un par de pedos, sacar fotos digitales con sus cegadores falsees, hablar a los gritos entre ellos y por celular, y cosas por el estilo.

Para hacerla corta, terminó la función, no le vimos el final a película porque evadimos un zapatillaso que apuntaba directo a nosotros, y cuando salimos al hall la chica que estaba conmigo (a esta altura ya no la llamo cita, ni nada por el estilo) me reprocha no haberla defendido como un caballero (yo, que precisamente no hable para no quedar como grosero), y ni bien termina de decir esto, salió corriendo como una despechada por todo el complejo; el espectáculo parecía denigrante, pero para este momento mi cabeza se había ido a otro lugar; fin del calvario.

Toda esta larga introducción me sirve para hablar de lo que reza el título de esta nota; por favor, vean la película; si van al cine que sea para ver la película elegida, y no para hablar como dos chusmas (existen bares o restaurantes, sépanlo), para enviar sms, hacer una sesión fotográfica, o relajarse como si estuviesen en su casa (cosa inentendible ¿Qué tiene de cómodo poner los pies sobre un respaldo mucho más alto que la butaca?).

Esto no es la primera vez que me pasa, y a estoy cansado de vivir situaciones incómodas que terminan arruinando ese momento mágico en que se enciende el proyector.

¿Es mucho pedir ver una película en el cine sin tener que soportar un pie descalzo rozándome la nuca, o un padre leyendo los subtítulos a su hijo siendo que hay funciones n castellano del mismo film, o una pareja realizando al lado mío escenas sexuales (y no en el fondo de la sala, siempre tomo a precaución), o personas que llegan tarde a una función y molestan a medio público tratando de ubicarse en los mejores asientos centrales, y una larga lista de etcéteras?

Ya sé que sueno medio cascarrabias, y sí, no soy una persona de carácter tranquilo, ante estas situaciones suelo saltar, con gritos o golpes... pero es que es algo inevitable si me pongo nervioso, ¡quiero ver la película en paz!.
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Burguesía decadente





En el medio de toda esta situación, había una película, La gran fiesta de Cocó, y por suerte previamente la había visto online.



Cocó es un popular personaje francés que Gad Elmaleh (Mi otro yo, Dama de lujo) ya lleva desarrollando en sus espectáculos de stand-up hace muchos años; y este es su salto a la pantalla grande. Por lo tanto, la película es él... y todo una gama de excéntricos personajes que giran alrededor suyo.



Todo empieza cuando el protagonista pretende organizar el Bar Mitzvá de su hijo que aún tiene doce años. Pero el tema es que Cocó no es una persona como cualquiera de nosotros, es un multimillonario arrogante, egocéntrico, excéntrico, y falto de todo buen gusto; por lo tanto no se conformará con una reunión para familiares e íntimos, sino que pretende llenar un estadio de fútbol con invitados, y declarar un feriado provincial para el día posterior.



La película nos muestra una serie de situaciones hilarante ligadas a este hecho; pero también se deja un lugar para la crítica y la sátira social mordaz.



En cierto punto la película tiene similitudes con Ladrones de medio pelo, una genialidad de Woody Allen; ambas contienen en sus historias la cotidiana vacua vida de la burguesía, acentuado aún más en el hecho de contar con el punto de vista de un “rico nuevo”, ese tipo de personajes incómodos dentro de un ambiente claramente ajeno, personas que aparentan tener una clase que no tienen, Tracy Ullman en aquel film, Elmaleh y familia en este.



Pero el hecho de ser un film francés (no norteamericano) le agrega un ingrediente extra, y es mostrar la adoración que la clase alta internacional le rinde a EE.UU., hasta mechando frases enteras en inglés para mostrar el ridículo de la situación. Gran comedia.







Por otro lado, se encuentra en cartelera otro film que también trata a la burguesía desde un punto de vista decadente. En este caso, la argentina Dos Hermanos, la más reciente película de Daniel Burman (El Abrazo Partido).



Es la historia de Susana y Marcos, hermanos, y empieza con la muerte de la madre. Susana tiene una pequeña empresa de bienes raíces, seña departamentos que luego no puede pagar; pero con una casa en Villa Laura, Uruguay, firmó un boleto de compraventa, por lo tanto ahora debe completar el precio, o perderá lo depositado. Para eso recurre a Marcos, quien vivía con su madre, le vende la casa familiar, y prácticamente lo envía a vivir al Uruguay.



De ahí en más la trama gira en torno a encuentros y desencuentros entre estos dos hermanos, una historia mínima que sirve como pretexto para hablar de las relaciones fraternales, y como ya dije de la decadencia de una clase social.



Susana es un personaje que vive fuera de tiempo, que no reconoce el hecho de ya no pertenecer a una clase social que una vez la cobijó. Un ser tan patético como adorable, capaz de colarse a un evento social para robarse comida y una botella de champagne que luego tomará del pico; como en determinado momento se lo reprocha su hermano, es un personaje que perdió gusto, una grosera.



Marcos, por su lado, es aquel reprimido que por primera vez se siente libre, que puede hablar por sí mismo; se ha librado de su madre, pero ahí llega su hermana para volver a taparlo, ara otra vez dejarlo en segundo plano. Villa Laura será su refugio, su lugar de encuentro consigo, mientras Susana no se cruce en el medio.



Una relación de odio, de amor, de repelerse, de atraerse, una historia de hermanos encuadrada dentro del patetismo de clase.



Decir si Graciela Borges o Antonio Gasalla actúa mejor que el otro, es imposible, son dos composiciones magistrales, dos grandes actores jugando a lo que mejor saben, la película es su juego, y como en todo juego los momentos de cruces son los mejores. Pero igualmente, quien gana la partida, sin dudas, es Burman, quien con un guión repleto de referencias y diálogos chispeantes, que combina la mejor tradición del grotesco estilo Doria/Langsner con mucha carga dramática, logra una puesta de escena llena de sutilezas y detalles que parecen menores pero no lo son; además por supuesto de lograr una excelente marcación actoral que no solo se demuestra en los dos roles protagónicos, sino en la rica gama de personajes secundarios. Un film para el deleite del buen cine.





En definitiva dos obras que nos muestran desde perspectivas distintas las flaquezas de una clase social extravagante, acostumbrada a aparentar. Larga vida al grotesco.

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